Como vivir una verdadera navidad

Sé feliz, reza constantemente y da gracias a Dios
Papa Francisco celebró el Angelus en este tecerdo domingo de Adviento, “Domingo de la Alegría” y con esta idea el Papa comenzó su meditación.
Siempre sé feliz
“La liturgia nos invita a acoger el espíritu con el que acontece todo esto, es decir, la alegría”y parafraseando a San Pablo explicó las tres actitudes de preparación para la Navidad: la alegría constante, la oración perseverante y el dar gracias continuamente”, explicó el Papa.
Reza sin interrupción
Con esta idea el Papa Francisco continuó explicando la preparación que debe realizar el cristiano: “A través de la oración, podemos entrar en una relación estable con Dios, que es la fuente de la verdadera alegría. La alegría del cristiano no se compra, no se puede comprar, proviene de la fe y del encuentro con Jesucristo, la razón de nuestra felicidad. Cuanto más enraizados estamos en Cristo, más encontramos la serenidad interior, incluso en medio de las contradicciones cotidianas “
Dar siempre gracias
El Papa finalizó su meditación explicando que hay que estar agradecidos a Dios, haciendo referencia su amor misericordioso, su paciencia y bondad, viviendo así un incesante agradecimiento”. El Papa puso como ejemplo a la Virgen María de quién siempre podemos confiar: Ella es “la causa de nuestra alegría”.
Tras el ángelus Papa Francisco saludó a los niños y realizó la bendición de los “Bambinelli”.
Esto fue lo que les dijo: “ Y ahora saludo con afecto a los niños que vinieron para la bendición de los “Bambinelli”, organizada por el Centro Oratorios Romanos. Pero, ¡es bello! Es bello que pueda leer desde aquí: el Oratorio es precisamente para cada uno de nosotros, siempre hay un lugar para tí, dice el cartel; ¡siempre hay un lugar para ti!. Cuando rezarán en casa, ante el pesebre con sus familiares, déjense atraer por la ternura del Niño Jesús, nacido pobre y frágil en medio de nosotros, para darnos su amor. Ésta es la verdadera Navidad. Si quitamos a Jesús, ¿qué queda de la Navidad? Una fiesta vacía. No quitar a Jesús de la Navidad: Jesús es el centro de la Navidad, ¡Jesús es la verdadera Navidad! ¿Entendido? ”
Oraciones de San Antonio
Y será llamado el Admirable en la natividad, el Consejero en la predicación, Dios por obrar milagros, el Fuerte en la pasión, el Padre del siglo futuro en la resurrección, En efecto, al resucitar, nos dejó a nosotros, como heredad a los hijos después de sí, la segura esperanza de la resurrección. Y en la eternidad será para nosotros el Príncipe de la paz.
Dígnese concedernos esta paz el mismo Dios bendito. ¡Amén! ¡Así sea!
(Natividad del Señor)
Para hallar este gozo, nos es dado una señal, cuando el ángel añade: “Esto les servirá de señal: Hallarán un niño envuelto en pañales y puesto en un pesebre” (Lc 2, 12). Aquí debemos notar dos cosas: la humildad y la pobreza. ¡Feliz el hombre que tendrá esta señal en la frente y en la mano, o sea, en la confesión y en las obras. ¿Qué significa: “Hallarán a un niño”, sino: “Hallarán la sabiduría balbuciente, la potencia débil, la majestad rebajada, lo inmenso hecho niño, el rico hecho pobre, el rey de los ángeles recostado en un establo, el alimento de los ángeles casi pasto de los animales, el ¡limitado recostado en un angosto pesebre?
Por el verbo encarnado, por el parto de la Virgen, por el nacimiento del Salvador, “sea gloria a Dios Padre en los cielos altísimos, y sea paz a los hombres de buena voluntad”.
Dígnese concedernos esta paz aquel, que es el Dios bendito por los siglos. ¡Amén! ¡Así sea!
(Natividad del Señor)
Hermanos queridísimos, imploremos humildemente la Sabiduría de Dios, que nos saque de la ruina de los vicios y nos haga resucitar a la virtud, y que la espada de su pasión atraviese nuestra alma, para que merezcamos llegar al gozo de la resurrección general.
Dígnese concedérnoslo aquel, que es el Dios bendito por los siglos. ¡Amén! ¡Así sea!
(Domingo I después de la Natividad del Señor)
Roguemos, pues, queridísimos hermanos, al Señor Jesucristo, para que envíe en medio de esta tierra de exterminio la gracia del Espíritu Santo, que quebrante la dureza de la mente, afile la lengua en la confesión y llene de mortificación los miembros del cuerpo, para que merezcamos tocar el cielo con aspiraciones celestiales.
Dígnese concedérnoslo aquel, que es el Dios bendito por los siglos. ¡Amén! ¡Así sea!.
(Domingo I después de la Natividad del Señor)
Se circuncida el prepucio de su hijo quien, no sólo restituyendo lo mal habido y socorriendo a los demás con obras de misericordia, sino también sustrayendo a la propia boca las cosas dulces, a los ojos las cosas provocantes, a los oídos las cosas halagadoras, a las manos las cosas mórbidas y a todo el cuerpo las cosas placenteras.
El mismo Jesús, que hoy para nosotros fue circuncidado, se digne circuncidarnos también a nosotros de los vicios, para que en el día octavo de la resurrección merezcamos gozar de la doble estola.
Nos lo conceda aquel, que es el Dios bendito por los siglos. ¡Amén! ¡Así sea!
(Domingo I después de la Natividad del Señor)
Roguemos, pues, hermanos queridísimos, a Jesucristo, que, como subió a Jerusalén con sus padres, nos haga subir también a nosotros, con la práctica de las doce virtudes sobredichas, unidas a la esperanza y al temor, a la Jerusalén moral, para que podamos ofrecerle, en las tres solemnidades, la víctima viva, santa y a El agradable.
Dígnese concedérnoslo aquel, que es el Dios bendito en la Jerusalén celestial. ¡Aleluya! ¡Amén! ¡Aleluya!
(Domingo II después de la Natividad del Señor)
Lleven también ustedes, queridísimos, junto con los tres Magos, sus dones: el oro de la contrición, el incienso de la confesión y la mirra de la satisfacción, para que puedan recibir del mismo Jesucristo el don de la gloria en el cielo.
Les conceda esta gracia aquel que es el Dios bendito por los siglos. ¡Amén! ¡Así sea!
(Epifanía del Señor)
Hermanos queridísimos, humildemente imploremos a este Príncipe, para que nos conceda también a nosotros celebrar las bodas en Caná de Galilea y nos llene de agua las seis tinajas, con el fin de poder beber con El el vino del gozo eterno en las bodas de la Jerusalén celestial.
Dígnese concedérnoslo aquel, que es el Dios bendito, digno de alabanza y glorioso por los siglos eternos.
Y toda alma, esposa del Espíritu Santo, diga: “¡Amén! ¡Aleluya!”.
(Domingo I después de la octava de la Epifanía)
La naturaleza del hombre se avergüenza de no amar a aquel que nos ama y no abrazar con los brazos de la caridad a aquel que nos sirve con devoción.
Roguemos, pues, hermanos queridísimos, al Señor Jesucristo, que nos fortalezca con los sobredichos soldados, que cure al siervo paralizado y abrase con el fuego de la caridad la mente fría.
Dígnese concedérnoslo aquel, que es el Dios bendito, digno de alabanza y glorioso por los siglos.
Y toda alma, curada de la parálisis, diga: “¡Amén! ¡Aleluya!”.
(Domingo II después de la octava de la Epifanía)
Los Reyes Magos

Una de las más auténticas tradiciones navideñas que se celebra en Puerto Rico es el Día de Reyes. Esta festividad, que es en también una fiesta nacional, se celebra el día 6 enero de cada año. Se cantan aguinaldos, los niños acostumbran llenar una cajita de hierba para dejársela a los Reyes y todas las celebran con más alegría y entusiasmo que otras festividades.
El verbo “reyar” es uno concebido en nuestra Isla del Encanto, donde el reyar significa compartir, alegrarse y esperanzarse de encontrar en nuestro camino diario, al igual que esos sabios de Oriente, la luz que nos ilumine y nos tiene a la felicidad.
El Evangelio de San Mateo (Mt 2,1-12) cuenta la historia de tres magos que vinieron de Oriente buscando al nuevo rey que habría de nacer. En las escrituras no se abona mucho sobre su origen, su personalidad, sus rasgos, ni siquiera sus nombres. Se presume que eran sabios o astrónomos, llamados en aquella épocas como magos, porque venían siguiendo una estrella que presagiaba la llegada del nuevo rey.
Según la tradición cristiana, estos hombres sabios fueron guiados hasta Belén por una brillante estrella, y llegaron al humilde pesebre para adorar al Mesías, ofreciéndole los dones o regalos que traían. Como venían con regalos, la tradición los describe como reyes bondadosos con presentes para todos, asignándole un nombre y rasgos específicos a cada uno:
Melchor: Un anciano blanco con barbas blancas
Gaspar: joven moreno
Baltasar: de raza negra.
Los regalos que los sabios ofrecieron al niño Jesús fueron: oro, incienso, y mirra. Cada regalo ofrecido el niño Jesús tiene un significado simbólico.
El oro, metal valioso que acostumbramos a relacionar con la riqueza y el poder. El oro traído al niño Jesús fue un regalo que representaba su naturaleza real. Fue como si el Sabio de Oriente le hubiese dicho el niño Jesús: "Te traigo oro porque reconozco en ti al que ha de tener más poder que todos los reyes de la tierra, al que ha de ser el Rey de los Reyes."
Incienso, es una resina olorosa que se quema en ceremonias religiosas. Este regalo representa la naturaleza divina de Jesús. El segundo sabio hubiese dicho: "Te traigo incienso porque reconozco en ti al que todos han den reconocer como su Dios verdadero."
Mirra, sustancia perfumada que los antiguos tenían por un bálsamo precioso. Viene en forma de lágrimas y viene con un color rojizo. Este tercer regalo representa el sufrimiento y la muerte futura de Nuestro Señor Jesucristo. Es como si el tercer sabio le hubiese dicho: "Te traigo mirra porque reconozco en ti al hombre que ha de sufrir y derramar su sangre por salvar a la humanidad."
La celebración de los Reyes, es uno de los tesoros espirituales que la vida moderna y la influencia de afuera no ha logrado destruir en nosotros los puertorriqueños. Vívela como lo hacías cuando niño, con esperanza e ilusión. Mantengamos intacta esta hermosa tradición, perpetuándola a las generaciones futuras.
Programa de Navidad

