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Dios no ha muerto

El evangelio de la misa de este domingo nos relata el intento de asesinar a Jesús al inicio de su vida pública. Sucedió en Nazaret, donde Jesús había vivido con su familia los primeros 30 años de su vida. Después de pasar un tiempo en Cafarnaum, donde estuvo predicando e hizo bastantes milagros, Jesús vuelve a su pueblo, lleno de fama, por lo cual inicialmente fue bien recibido; pero en cuanto predicó en su sinagoga, todo cambió. Relata Lucas: “todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo echaron fuera del pueblo y lo llevaron hasta un precipicio del monte sobre el que estaba edificado su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió pasó entre ellos y siguió su camino” (Lc 4,28-30). No fue este el único intento de matarlo. Como sabemos, apenas nacido en Belén, Herodes había intentado también asesinarlo, y los evangelios nos relatan otros intentos a lo largo de los tres años de su vida pública, hasta que, en una alianza entre las autoridades del pueblo de Israel y aquellas del Imperio Romano, terminaron saliéndose con la suya y clavándolo en la cruz. ¿A qué se debe que Jesús fuera odiado de esa manera, si sólo “pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con Él?” (Hch 10,38). La respuesta nos la da el evangelista Juan: “la tiniebla no lo recibió…el mundo no lo conoció” (Jn 1, 5.10).

Esto, que se dio en la época de Jesús, no ha dejado de darse a lo largo de los siglos. Desde que vino a este mundo, no han faltado los intentos de deshacerse de Jesús. Ya no matarlo en la carne, porque resucitado no puede volver a morir, pero sí matarlo en el corazón del hombre y desterrar a Dios de la sociedad. Entre otros, lo quisieron hacer la Ilustración y la Revolución Francesa, en el siglo XVIII, y en el siglo XX el comunismo y el nazismo. Incluso un conocido filósofo ateo de la segunda mitad del siglo XIX decretó más de una vez la supuesta muerte de Dios (F. Nietzsche). Ahora, en pleno siglo XXI, continúan los intentos. Por ejemplo, en diversos países de tradición católica se promueven leyes para impedir que en lugares públicos se pongan signos como la cruz u otras imágenes sagradas. En nuestro mismo Perú hay quienes pretenden eliminar el curso de Religión en los colegios del Estado, y en muchos colegios privados ya se ha eliminado. Como hace unos días ha vuelto a decir el Papa Francisco, a nivel global se está dando una colonización ideológica que pretende imponer un pensamiento único, muy peligroso, que es contrario a la verdad de Dios y del hombre (Discurso, 10.I.2022).

En estas circunstancias, es fundamental que los cristianos no nos dejemos engañar y que los padres de familia transmitan la fe a sus hijos y estén atentos a lo que se les enseña en los colegios, universidades, redes sociales, etc. No será fácil, por cierto. Ya nos lo anticipó Jesús, refiriéndose a los cristianos: “serán odiados por todos a causa de mi nombre” (Mt 10,22), porque “si fueran del mundo, el mundo los amaría como cosa suya, pero como no son del mundo…el mundo los odia” (Jn 15,19); pero el mismo Jesús también nos dijo: “ánimo, tengan valor, porque yo he vencido al mundo” (Jn 16,33).

+ Javier Del Río Alba
Arzobispo de Arequipa