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Estoy contigo

“Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28,20). Inspirado en estas palabras de Jesús, el Papa Francisco ha instaurado en la Iglesia la Jornada Mundial de los Abuelos y las Personas Mayores, con una doble finalidad: recordarles que no están solos sino que el Señor les acompaña aun en medio de las dificultades propias de esa etapa de la vida, y promover que todos les hagamos presente esa compañía a través de la nuestra. “Que cada abuelo, cada abuela, cada persona mayor – sobre todo los que están más solos – reciba la visita de un ángel. A veces tendrá el rostro de nuestros nietos, otras veces el rostro de familiares, de amigos de toda la vida o de personas que hemos conocido durante este momento difícil” ha dicho el Papa en su mensaje para esta Jornada, animándonos a no olvidarnos de nuestros abuelos y ancianos que durante la pandemia han recibido “un trato más duro…Muchos, aislados, han sufrido la soledad durante largo tiempo”.

Para destacar la importancia de la Jornada, que celebraremos el próximo domingo 25 de julio, Francisco ha concedido que ese día podamos obtener la indulgencia plenaria, es decir “la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1471), o como lo explicó san Juan Pablo II con palabras tal vez más fáciles de entender en nuestros días, la sanación de las consecuencias negativas que deja en nosotros el pecado, algo así como unos “restos” que no nos permiten una total apertura a la gracia de Dios y, por tanto, obstaculizan la obra de santidad que Él quiere realizar en nosotros. La indulgencia plenaria, entonces, es un don de Dios a través de la Iglesia. Tiene su fuente en Cristo crucificado, que “es la gran indulgencia que el Padre ha ofrecido a la humanidad”, pero no es una “transferencia automática” que se consigue sólo con realizar ciertas acciones externas, sino que, en concordancia con todo el diseño de la economía divina de la salvación, requiere también la participación del hombre, especialmente un serio deseo de conversión (Catequesis, 29.IX.1999).

Las condiciones básicas para obtener toda indulgencia plenaria son la exclusión de todo afecto hacia cualquier pecado, incluso venial, la confesión sacramental, la comunión eucarística y rezar por las intenciones del Papa. Aquellos que, sea por enfermedad u otro motivo grave no pueden salir de casa para confesarse y comulgar, basta que tengan la intención de hacerlo en cuanto les sea posible y ofrezcan al Señor sus dolores y sufrimientos. Además de esas condiciones básicas, para obtener la indulgencia que Francisco nos concede ahora basta con que participemos de modo presencial, virtual o por radio o televisión, en la celebración que él mismo presidirá el 25 de julio en la basílica de San Pedro o en cualquier otra celebración a llevarse a cabo en cualquier parte del mundo, por ejemplo en la Misa que celebraremos a las 11 a.m. en la Catedral de Arequipa y pasaremos por el Facebook de nuestro Arzobispado, y/o que ese mismo día dediquemos un tiempo adecuado a visitar, física o virtualmente, a una o más personas mayores o en dificultad: enfermos, abandonados, discapacitados y similares.

+ Javier Del Río Alba
Arzobispo de Arequipa