+51·54·214778   comunicaciones@arzobispadoarequipa.org.pe

Para superar la crisis

Hubiera preferido comenzar estas líneas deseándoles felices Fiestas Patrias, pero sería impertinente en medio del dolor por el que la nación entera está atravesando ante las continuas noticias de conocidos, amigos o familiares que se han quedado sin trabajo, están enfermos o han muerto a causa del COVID-19. Como dicen las Sagradas Escrituras, “hay un tiempo para reír y un tiempo para llorar” (Ecl 3,4). Y ahora no es tiempo de reír sino de hacer duelo por los difuntos y sufrir ante escenas como la de aquella señora corriendo detrás del vehículo del Presidente de la República en su reciente visita a Arequipa, clamando para que atiendan a su esposo y recibiendo como única respuesta que el vehículo acelerara y su esposo muriera algunas horas después.

El llanto y la impotencia de esa mujer grafican la situación de cada vez más familias de nuestra querida Arequipa y del Perú. Sería injusto y hasta inhumano no sufrir con ellas, que están pagando en carne propia los efectos de la pandemia y de un Estado que, por más esfuerzos de algunos de sus funcionarios, no alcanza a responder de modo adecuado a sus necesidades fundamentales. Pero una cosa es sufrir y otra caer en la desesperanza o el desaliento, o quedarnos sólo en la crítica o en la búsqueda de los responsables de esta situación, que sin duda los hay. La actitud más adecuada, por el contrario, es preguntarnos cómo hemos llegado a esta situación tan crítica y qué podemos hacer para salir de ella y que en el futuro no nos ocurra algo similar.

Sin duda, lo más urgente ahora es cuidarnos más y procurar que a nadie le falte atención médica ni los medios para satisfacer sus necesidades básicas. Y en esto tenemos que felicitar las numerosas iniciativas de la sociedad civil, empresas, comunidades de fe y muchos ciudadanos “de a pie” que se vienen sumando a la gran cruzada por ayudar a nuestros hermanos que hoy más nos necesitan. Al mismo tiempo, sin embargo, debemos pensar en el futuro, porque como hace unas semanas dijo el Papa Francisco, de esta crisis no saldremos igual que como estábamos antes. Podemos salir mejor o peor, pero no igual. Y salir mejor o peor depende de nosotros.

El próximo año se cumplirá el Bicentenario de la Independencia Nacional. Es una ocasión propicia para decidirnos a salir mejor de lo que estábamos antes de la pandemia, para lo cual propongo comenzar con tres pasos fundamentales. Primero, rezar unos por otros y por nuestros gobernantes, como nos enseña la Palabra de Dios (1Tim 2,1-2), porque no podemos pretender que nuestras autoridades desempeñen bien sus cargos si los abandonamos a sus solas fuerzas o su sola razón. Ellos, igual que nosotros, necesitan la asistencia del Espíritu Santo. Segundo, decidámonos a reconstruir juntos nuestro Perú, comenzando desde la familia, estando más unidos los esposos, transmitiendo juntos la fe a los hijos e inculcando en ellos las virtudes cívicas y cristianas. Tercero, renunciemos a la idolatría del dinero y pongamos a Dios en el centro de nuestros hogares y de la sociedad…y veremos cómo todo se recompone para el bien de todos.

+ Javier Del Río Alba
Arzobispo de Arequipa