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Arequipa se une contra el virus

En esta misma columna, la semana pasada informé sobre algunas conclusiones de los diálogos que, sobre la pandemia, había tenido los días anteriores con todos los sacerdotes de nuestra Arquidiócesis y con varios médicos de Arequipa que están atendiendo a los enfermos del COVID-19. Como les dije, unos y otros están preocupados por la falta de cuidado de una parte considerable de la población, sea porque no siguen las medidas preventivas para evitar el contagio y/o no recurren rápidamente al médico cuando comienzan a sentir los síntomas propios de esta enfermedad. Fundamentalmente por esas razones, y por la falta de respuesta oportuna y eficaz por parte del Estado, la situación en Arequipa se complicó tanto que nos encontramos con la falta de balones de oxígeno, el colapso de los hospitales y las escenas dramáticas de las que todos hemos sido testigos a través de los medios de comunicación o las redes sociales y algunos, lamentablemente, no sólo testigos sino también protagonistas.

Con el deseo de seguir cooperando desde la misión que nos corresponde como Iglesia, los últimos días he continuado dialogando, ya no sobre las causas de la crisis en la que nos encontramos sino sobre el modo de afrontarla y superarla. El diálogo me ha llenado de esperanza. Por un lado, en el nuevo gabinete ministerial he encontrado una apertura que no vi en el anterior consejo de ministros y un deseo de trabajar en forma articulada con las autoridades locales, el sector empresarial, las instituciones de la sociedad civil, la Iglesia Católica y otras comunidades. Una clara muestra de ello es la visita que el Presidente del Consejo de Ministros, en compañía de los ministros de Agricultura, Salud y Energía y Minas hizo a nuestra ciudad el sábado 25 de julio, como parte de la cual se reunió con representantes de los diversos sectores que he mencionado. En esa reunión y en otras conversaciones que he tenido la última semana, el mismo ánimo de trabajar en forma articulada lo he visto en empresas, instituciones de la sociedad civil y comunidades cristianas no católicas.

Varias de esas empresas y entidades, cada una según sus posibilidades y métodos, han venido realizando actividades a favor de los más afectados por la pandemia. Si no fuera por ellas la situación sería mucho peor que aquella en la que nos encontramos. Ahora, además, todos están dispuestos a coordinar la participación de cada uno en vista a lograr, más unidos, la solución eficaz de los problemas inmediatos, tanto en lo referente a medidas y medios de prevención de la enfermedad, como de diagnóstico temprano y atención primaria a los infectados por el virus e, incluso, la atención a los enfermos que están en situación moderada o grave. Así, uniendo esfuerzos y trabajando en forma articulada los resultados se podrían comenzar a ver en este mes que celebramos el 480 aniversario de la fundación española de Arequipa, para lo cual es también fundamental que todos nos cuidemos para evitar contagiarnos y/o contagiar a otros. ¡Así sea!

+ Javier Del Río Alba
Arzobispo de Arequipa