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La misión de la iglesia

En su reciente mensaje con motivo de la Jornada Mundial de las Misiones que, como cada año, la Iglesia celebra el tercer domingo de octubre, el Papa Francisco nos recuerda de quién procede la misión de la Iglesia, quiénes son sus agentes y quiénes los destinatarios. En cuanto a la fuente u origen de la misión, el Papa nos recuerda que Dios es Amor y, en cuanto tal, está “siempre saliendo de sí mismo para dar vida” porque ama a todos y cada uno de los hombres, varones y mujeres de todos los tiempos, lugares y edades. Movido por ese amor, Dios Padre envió a su Hijo al mundo para dar su vida por nosotros, reconciliándonos con Él y dándonos la posibilidad de participar en su propia naturaleza divina, ya desde ahora y por toda la eternidad. Obediente a la voluntad del Padre, en el sacrificio de la cruz Jesús cumple la misión que Él le encomendó: vencedor del pecado y de la muerte, Jesucristo “crucificado y resucitado por nosotros, nos atrae en su movimiento de amor y, con su propio Espíritu, que anima a la Iglesia, nos hace discípulos suyos y nos envía en misión al mundo y a todos los pueblos”.

Así, en virtud del bautismo, por medio del cual recibimos el Espíritu Santo, todos los cristianos estamos llamados a ser discípulos y misioneros de Cristo, para, en el lugar que nos encontremos, “dar testimonio de nuestra fe en Dios Padre misericordioso, proclamar el Evangelio de salvación de Jesucristo, compartir la vida divina del Espíritu Santo en la edificación de la Iglesia”. Esta llamada, nos sigue diciendo Francisco, requiere la respuesta libre y consciente de cada cristiano “tanto en la vía del matrimonio como de la virginidad consagrada o del sacerdocio ordenado”; es decir que la dimensión misionera de la Iglesia no se debe concebir como algo limitado a la acción de algunos especialistas sino de todos y cada uno de los bautizados, que estamos llamados a realizarla “en la vida ordinaria de todos los días”. Ahora bien, esta llamada de Dios a la misión “podemos percibirla sólo cuando vivimos una relación personal de amor con Jesús vivo en su Iglesia”. La intimidad con Dios en la oración y la vivencia del amor mutuo en la comunidad eclesial hacen posible que experimentemos el amor infinito de Dios y reconozcamos las maravillas que Él hace cada día en nuestro favor.

Esa experiencia nos impulsa a anunciar el Evangelio para que, como dice el Papa, “Dios siga manifestando su amor y pueda tocar y transformar corazones, mentes, cuerpos, sociedades y culturas, en todo lugar y tiempo”. Los destinatarios de la misión de la Iglesia, entonces, son todos los que conforman la entera humanidad, porque “todos tienen una dignidad humana fundada en la llamada divina a ser hijos de Dios, para convertirse por medio del sacramento del bautismo y la libertad de la fe en lo que son desde siempre en el corazón de Dios”. Por ello, en esta Jornada Mundial de las Misiones, pido al Señor que nos dejemos tocar por su Espíritu para que la Iglesia en Arequipa sea cada vez más misionera y servidora de cuantos necesitan con urgencia encontrarse con el amor de Dios, de modo especial en este tiempo de pandemia.

+ Javier Del Río Alba
Arzobispo de Arequipa