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El Corazón de Jesús ante la pandemia

Cada año en el mes de junio la Iglesia contempla de modo especial el corazón de Jesús traspasado por la lanza de aquel soldado romano que mencionan los evangelios (Jn 19,34). Se sigue cumpliendo así la profecía de Zacarías: “mirarán al que traspasaron” (Zac 12,10). Como dice san Agustín, “en el costado de Cristo fue como abierta la puerta de la vida, de la cual brotaron los sacramentos de la Iglesia, sin los cuales no se entra en la verdadera vida” (Comentario al Evangelio de San Juan 120,2). La actual devoción al Sagrado Corazón, una de las más bellas del culto católico, tiene su iniciativa en el mismo Jesús, que en el siglo XVII encargó a santa Margarita María de Alacoque que la difundiera entre los fieles, y hunde sus raíces en la tradición anterior de la Iglesia, especialmente en los santos padres de los primeros siglos y en los místicos del Medioevo. En concordancia con esa tradición, en el año 1856 el Papa Pío IX incorporó la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús en el calendario litúrgico de la Iglesia universal y en el año 1899 el Papa León XIII consagró el mundo entero al mismo Corazón. Varios otros papas han escrito y predicado sobre la importancia de esta devoción, incluido nuestro actual Papa Francisco que ya en el primer año de su pontificado dijo que “el Corazón de Jesús es el símbolo por excelencia de la misericordia de Dios, pero no es un símbolo imaginario sino un símbolo real que representa el centro, la fuente, de la que ha brotado la salvación para la entera humanidad” (Angelus, 9.VI.2013).

Jesús de Nazaret, verdadero Dios y verdadero hombre, tiene un corazón humano inflamado de amor divino. Su amor hacia su Padre y a los hombres no es sólo espiritual sino también sensible. Como escribió el Papa Pío XII, “el amor del Corazón mismo de Jesús comprende no sólo la caridad divina sino también los sentimientos de un afecto humano” (Haurietis Aquas, 21). Confiada en ese amor misericordioso de Dios manifestado en Cristo Jesús, la Iglesia ha recurrido a su Sagrado Corazón en momentos de especial dificultad. Así, por ejemplo, cuando en el año 1720 se desató una terrible peste en Marsella (Francia), las religiosas visitandinas distribuyeron miles de detentes del Sagrado Corazón de Jesús en esa ciudad y sus alrededores, logrando erradicarla poco después. La misma influencia benéfica de esta devoción se experimentó con motivo de la epidemia del cólera que en 1866 afectó a las poblaciones de Amiens, Roubaix, El Cairo y otros lugares. Algunas décadas después, en el año 1932, cuando el mundo entero pasaba por una grave crisis económica y moral, que el Papa Pío XI calificó como la peor calamidad después del diluvio, el mismo pontífice exhortó a la Iglesia a recurrir al Corazón de Jesús, “a fin de alcanzar misericordia y hallar gracia en el socorro oportuno” (Caritate Christi Compulsi, 32). Más recientemente, en el año 2015 el Papa Francisco dijo: “aprendamos del Señor que se ha hecho alimento, para que cada uno pueda estar todavía más disponible para con los otros, sirviendo a todos los necesitados, especialmente a las familias más pobres” (Audiencia general, 3.VI.2015).

Con estos y otros muchos antecedentes, que ahora sería largo narrar, quisiera invitarlos a recurrir al Sagrado Corazón de Jesús para pedirle por nuestro Perú. Como en las épocas mencionadas en el párrafo anterior, nos encontramos azotados por una terrible enfermedad que la sola ciencia no logra superar y que ha ocasionado una de las peores crisis económicas de nuestra vida republicana, que afecta de modo más grave a las familias más pobres. Necesitamos, con suma urgencia, ser fortalecidos en la esperanza, pensar todos en el bien común y estar disponibles para ayudar a quienes más nos necesitan. Eso requiere de una especial gracia de Dios. Por ello, los animo a rezar con frecuencia estas jaculatorias: “Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío” y también “Sagrado Corazón de Jesús, dame un corazón semejante al tuyo”.

+Javier Del Río Alba
Arzobispo de Arequipa