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Juventud

Desde sus inicios la Iglesia ha tenido muy en cuenta a los jóvenes. De hecho, entre los primeros discípulos de Jesús había varios jóvenes. El apóstol san Juan, por ejemplo, a quien la Biblia llama “el discípulo al que Jesús amaba”, había apenas pasado la edad de la adolescencia cuando se encontró con el Maestro y, dejándolo todo, lo siguió hasta la Cruz. Siendo ya adulto y dirigiéndose a los jóvenes cristianos, en una de sus cartas el mismo Juan les dice: “Les he escrito, jóvenes, porque son fuertes, la Palabra de Dios permanece en ustedes y han vencido al Maligno. No amen al mundo ni lo que hay en el mundo” (1Jn 2,14-15). San Pablo, por su parte, escribe a su discípulo Timoteo: “Que nadie menosprecie tu juventud. Procura, en cambio, ser para los creyentes modelo en la palabra, en el comportamiento, en la caridad, en la fe, en la pureza” (1Tim 4,12); y más adelante le dice: “Huye de las pasiones juveniles. Vete al alcance de la justicia, de la fe, de la caridad, de la paz, en unión de los que invocan al Señor con el corazón puro” (2Tim 2,22).

En ese mismo sentido, favorable a los jóvenes, se ha manifestado la tradición ininterrumpida de la Iglesia y el magisterio de los papas. En nuestros días, es el Papa Francisco quien se dirige constantemente a los jóvenes para invitarlos a pensar en grande, soñar con metas altas y poner los medios para alcanzarlas. Sobre todo, los invita a ser agentes de la historia y no espectadores pasivos. “No balconeen”, les dijo en una de sus primeras alocuciones a los jóvenes, usando un término netamente porteño para significar “no miren pasar la historia desde el balcón”. En otra ocasión en la Plaza de San Pedro, les dijo: “Cree en la existencia de las verdades más altas y más bellas…No pienses jamás que la lucha que conduces aquí abajo sea del todo inútil…No tengas miedo de soñar. Sueña con un mundo que todavía no se ve, pero que es cierto que llegará…cada día pide a Dios el don de la valentía…ten siempre el coraje de la verdad…cultiva ideales…Y si te equivocas, levántate” (20.IX.2017). Bellas palabras del Papa Francisco que reflejan su aprecio por los jóvenes y su conocimiento de la juventud.

Desde mi propia experiencia de las varias décadas que, como sacerdote, dirijo espiritualmente a jóvenes y adolescentes, soy testigo de que en su corazón late con bastante nitidez la vocación al amor que Dios ha puesto en cada hombre, varón o mujer, al momento de crearnos. Late también el deseo de verdad, de belleza, de autenticidad, de justicia y de hacer cosas grandes. Es cierto que las malas influencias o ciertas corrientes ideológicas confunden a no pocos jóvenes, pero cuando un joven es debidamente acompañado por su entorno familiar, cuando tiene buenos maestros en la escuela o la universidad, y cuando tiene una buena comunidad de referencia, como por ejemplo un grupo parroquial, soy testigo de que toda esa potencialidad de bien que anida en su corazón va saliendo a la luz y los jóvenes se vuelven grandes seguidores de Cristo, mejores hijos, más amigos y más comprometidos con la sociedad, capaces de hacer enormes sacrificios en pos de la meta de ser santos a la que se saben llamados por Dios y ayudados por su gracia. Los jóvenes necesitan de nuestro tiempo y nuestra atención. No seamos mezquinos con ellos y démosles lo que realmente necesitan.

+ Javier Del Río Alba
Arzobispo de Arequipa