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Querida Amazonía

Con ese título, el Papa Francisco ha publicado hace unos días la exhortación apostólica a través de la cual quiere compartir las resonancias que ha provocado en él el sínodo de obispos que se realizó en Roma del 6 al 27 de octubre del año pasado bajo el título “Amazonía: nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral”, en el cual, además de todos los obispos de la región panamazónica, participaron numerosos misioneros, sacerdotes, religiosas y laicos, así como delegados de los pueblos originarios de esa zona geográficamente cercana a nosotros, pero muchas veces lejana de nuestra consideración. Con el sínodo y con el documento ahora publicado, Francisco ha hecho posible que la atención de una parte considerable de la humanidad se dirija hacia esa región y quienes la habitan. En consonancia con su encíclica Laudato Si’, del año 2015, y con la encíclica Caritas in Veritate publicada por el Papa Bendicto XVI en el 2009, nuestro actual Papa nos recuerda que toda la creación está interconectada y que, por tanto, la ecología debe ser integral, es decir no limitarse a la preservación del medio ambiente sino partir de Dios y su diseño de amor sobre el hombre.

En ese contexto, Francisco comienza haciendo un llamado a favor de la integración de los habitantes de la Amazonía y la promoción de su dignidad humana que es constantemente ignorada y violada por emprendimientos, nacionales e internacionales, que no respetan sus derechos y no sólo destruyen el entorno natural, que forma parte de su vida e identidad, sino que dan lugar a todo tipo de esclavitudes: laborales, sexuales, del narcotráfico, etc. “No nos hace bien permitir que nos anestesien la conciencia social mientras una estela de dilapidación e incluso de muerte…pone en peligro la vida de millones de personas”, nos dice el Papa (n. 15). Nos dice también que promover la Amazonía “no implica colonizarla culturalmente sino ayudar a que ella misma saque lo mejor de sí” (n. 28) y nos alerta ante “la visión consumista del ser humano, alentada por los engranajes de la actual economía globalizada, que tiende a homogeneizar las culturas y a debilitar la inmensa variedad cultural, que es un tesoro de la humanidad” (n. 33).

Frente a las numerosas necesidades y angustias que se viven en la Amazonía, Francisco nos recuerda que: “La auténtica opción por los más pobres y olvidados, al mismo tiempo que nos mueve a liberarlos de la miseria material y a defender sus derechos, implica proponerles la amistad con el Señor” (n. 63). En ese sentido, la Iglesia no puede conformarse con llevar un mensaje social o hacer ciertas obras de caridad, por más bueno que sea eso, sino que debe hacer resonar el Evangelio en la Amazonía, para que sus habitantes puedan tener una relación personal con Dios Padre y con su hijo Jesucristo (nn. 73-74) y, a través de los sacramentos, especialmente la Eucaristía, recibir la gracia divina (nn. 82-89). Ello requiere de una mayor generosidad misionera por parte de los sacerdotes, pero también que los diáconos permanentes, las religiosas y laicos maduros, varones y mujeres, asuman responsabilidades importantes para el crecimiento de las comunidades cristianas (nn. 90-103). Como Iglesia en Arequipa acogemos con gratitud esta llamada del Papa y, así como venimos colaborando con otras diócesis del Perú y del extranjero, nos hemos comenzado a preparar para, en un futuro no lejano, orientar nuestra colaboración a favor de los pueblos de la Amazonía.

+ Javier Del Río Alba
Arzobispo de Arequipa