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Mensaje Semanal

Vacaciones

Los meses de verano suelen ser una ocasión propicia para tomar vacaciones. Aprovechando que los hijos que van al colegio o cursan estudios superiores no tienen clases, muchas familias van a la playa, mientras que otras viajan para visitar a algún familiar, conocer nuevos lugares o pasar unas semanas en su pueblo de origen. Todo eso está bien y merece que, quienes pueden hacerlo, den gracias a Dios por tener esa posibilidad; porque hay muchísimas personas que no pueden tomar vacaciones, sea por limitaciones económicas, físicas o de otra índole. Merece también que, quienes tienen la posibilidad de tomar vacaciones, sepan vivirlas bien. Ciertamente, por ejemplo, ir a la playa es muy bueno, porque los rayos del sol y el agua del mar fortalece la salud. Lo mismo podríamos decir de ir al campo, donde se respira aire puro, se pueden hacer buenas caminatas y subir algunos cerros o escalar montañas. Eso, sin duda, es mucho mejor que pasar el día en casa viendo televisión o videos, porque esto reduciría el descanso a un tiempo infecundo y le quitaría su verdadero sentido. Pero también se perdería el verdadero sentido de las vacaciones si éstas, contaminadas por un deseo enfermizo de consumir, se dedicaran sólo al activismo desenfrenado o a la autocomplacencia egoísta que distraen el corazón e impiden dar su debido valor al tiempo y a las personas.

Como dice el Papa Francisco: “Estamos llamados a incluir en nuestro obrar una dimensión receptiva y gratuita, que es algo diferente de un mero no hacer. Se trata de otra manera de obrar que forma parte de nuestra esencia. De ese modo, la acción humana es preservada no únicamente del activismo vacío, sino también del desenfreno voraz y de la conciencia aislada que lleva a perseguir sólo el beneficio personal” (Laudato si, 237). El sentido profundo de las vacaciones, entonces, no está en no hacer nada ni en hacer muchísimas cosas. Está, más bien, en recuperar el verdadero significado de la gratuidad y de la contemplación. Gratuidad para con uno, que disfruta de las vacaciones, pero también con los demás a quienes puedo dedicar más tiempo de lo ordinario. Contemplación de la historia y de la naturaleza, que nos hacen presente el amor de Dios y nos abren a la vida divina. Como dice también el Papa: “En realidad, quienes disfrutan más y viven mejor cada momento son los que dejan de picotear aquí y allá, buscando siempre lo que no tienen, y experimentan lo que es valorar cada persona y cada cosa, aprenden a tomar contacto y saben gozar con lo más simple. Así son capaces de disminuir las necesidades insatisfechas y reducen el cansancio y la obsesión” (Laudato si, 223).

Los invito, entonces, a aprovechar este tiempo de verano para descansar en la contemplación de la creación y del amor de Dios y, como consecuencia natural de eso, para fortalecer las relaciones personales, tanto en la familia como con los amigos y vecinos. No se requiere de mucho para pasar unas buenas vacaciones: dedicarse un poco a la oración, otro poco al deporte, pasar más tiempo con la familia y los amigos, asistir a algún evento cultural o artístico, aprovechar para leer algunos buenos libros y para hacer obras de caridad, como visitar enfermos o invitar a casa a alguien que está especialmente necesitado de sentirse querido y valorado. Estoy seguro de que si lo hacemos así, pasaremos las mejores vacaciones que puedan existir, porque volveremos de las vacaciones contentos y descansados.

+ Javier Del Río Alba
Arzobispo de Arequipa