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Mensaje Semanal

Santa Rosa de Lima y la Familia

La Iglesia en el Perú está celebrando el cuarto centenario de la partida de santa Rosa de Lima al Cielo. Muchos conocen a esta santa por su entrega a la oración y la penitencia, pero tal vez pocos conozcan su vida familiar y, como en la Arquidiócesis de Arequipa estamos celebrando el Año de la Familia, vale la pena que sepamos algo al respecto porque puede también sernos útil en la actualidad. En primer lugar, hemos de recordar que Isabel Flores de Oliva, tal era su nombre real, fue una joven laica y, como tal, vivió siempre con su familia y no en un convento. Sus padres eran pobres y, no obstante ello, tuvieron trece hijos. El padre de santa Rosa era arcabucero, una especie de policía de nuestros días, hasta que tuvo que renunciar porque su sueldo no le alcanzaba para mantener a toda la familia. Lamentablemente, las cosas no le fueron mejor después. La madre era costurera, así que Rosa aprendió desde niña la costura y ayudaba a su mamá en esta labor, para colaborar en el sostenimiento de sus hermanos. Siendo joven, además, daba clases de costura a otras jóvenes y así conseguía más ingresos con la misma finalidad. Pero no sólo eso. Cuentan sus biógrafos que, para evitar gastos a sus padres, trabajó incluso en ciertas labores de albañilería que se debían hacer en casa y cultivaba el huerto familiar para contar con alimentos. Cuentan también que hizo diversas gestiones para conseguir trabajo para sus hermanos y ayudarlos a salir adelante en la vida.
 
La vida mística de santa Rosa, entonces, no sólo no la alejó de las dificultades de la familia sino que, por el contrario, le dio la fuerza y la capacidad para combinar sus largas horas de oración con largas jornadas laborales. Santa Rosa, entonces, fue una joven que, a partir del encuentro con Cristo y estando profundamente enamorada de Él, justamente como consecuencia de ese amor asumió también sus responsabilidades dentro de su familia. No podía ser de otra manera porque, de hecho, cuando uno tiene un verdadero encuentro con el Señor, lo primero que brota es el servicio al otro, empezando por los más próximos. Pero, al mismo tiempo, Rosa de Lima supo amar a Dios sobre todas las cosas y no dejarse condicionar por sus padres, especialmente por su madre, si lo que le pedían no era conforme a la voluntad de Dios. Así, por ejemplo, no aceptó casarse con un joven de buena situación económica, con quien su madre la quería comprometer, porque ella desde niña le había consagrado su virginidad a Jesús. Tampoco aceptó hacerse unos vestidos nuevos con una tela que le obsequió su madre, y prefirió seguir usando su vestido viejo y regalar la tela a otras jóvenes más pobres.
 
En este siglo XXI, en el que la familia está seriamente dañada por ciertas ideologías que pretenden destruirla y encerrar a cada uno de sus miembros en la cárcel de los antojos que esas mismas ideologías les inculcan, la joven santa Rosa nos recuerda que la familia, como comunión de personas en el amor y la recíproca donación, es un don que Dios nos da para que nos ayudemos mutuamente a hacer la voluntad de ese mismo Dios que, en Jesucristo, ha dado su vida por nosotros y ha elevado el matrimonio a la dignidad de sacramento indisoluble.
 
+ Javier Del Río Alba
Arzobispo de Arequipa