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Mensaje Semanal

Lecciones del Mundial

El próximo domingo terminará el campeonato mundial de fútbol y con él concluirá una temporada en la que miles de millones de personas nos hemos visto involucradas. Para nosotros, los peruanos, ha sido una temporada muy especial porque después de casi cuatro décadas hemos vuelto a un mundial; y, aunque no pudimos pasar a los octavos de final, ha sido un tiempo de fiesta. La algarabía en el recibimiento a la selección en su retorno a Perú ha sido un modo de agradecerles por las alegrías que nos han dado con motivo de este campeonato, en el cual nos hemos sentido unidos en torno a una meta común y a ese sentimiento de peruanidad que cada vez va aflorando más entre nosotros. Concluido el mundial, sin embargo, corremos el riesgo de volver cada uno a lo suyo y de olvidarnos como nación. Por eso, quisiera compartir con ustedes un par de pensamientos contenidos en el mensaje sobre la perspectiva cristiana del deporte, emitido por el papa Francisco el 1 de junio último, que creo pueden sernos útiles para aplicarlos en otras actividades de nuestra vida cotidiana.

En primer lugar, el papa nos recuerda que el deporte es un lugar de encuentro donde se unen para lograr un objetivo común todo tipo de personas, sin distinción de edad, raza, sexo, religión, condición económica o social, ideología, etc. Todos unidos en torno a una sola meta, dando lo mejor de nosotros mismos, alentándonos mutuamente y alentando juntos a nuestro equipo, compartiendo las victorias y sin dejarnos desmoralizar por las derrotas. En síntesis, una experiencia de comunidad, de familia humana, de equipo capaz de unir esfuerzos en la búsqueda del bien común. Al mismo tiempo, nos dice Francisco, el deporte es también un vehículo de formación en virtudes como la generosidad, la humildad, la disciplina, el sacrificio, la entrega, la constancia y la solidaridad, tan necesarias para forjar una personalidad que nos permita afrontar los desafíos que se nos presentan a lo largo de la vida y trabajar juntos a favor de la sociedad de la que somos parte, para hacer de ella un lugar digno para todos.

Leyendo el mensaje del papa Francisco y a la luz de lo que hemos vivido desde que comenzaron las eliminatorias del mundial, pensaba qué distinto sería nuestro Perú si lográramos unirnos en torno a alguna meta común por la que todos estemos dispuestos a dar lo mejor de nosotros mismos y ayudarnos mutuamente para alcanzarla, incluso a costa de algunos sacrificios. Pensaba también que esa meta común podría ser la vida eterna para la que Dios nos ha creado y a la que todos estamos llamados a llegar a través de los caminos de la historia, procurando ser cada vez mejores personas en todos los aspectos de la vida. Si nos detenemos a pensar un momento, podremos darnos cuenta que el individualismo, el egoísmo, las divisiones y rencores sólo nos producen tristeza y nos amargan la vida. En cambio, la unión, el perdón, la generosidad, el respeto, la mutua acogida sin distinciones absurdas y el amor a Dios y al prójimo suscitan en nosotros la alegría y la única esperanza que no defrauda. No somos, al menos por ahora, campeones mundiales de fútbol, pero podemos serlo de la alegría si cada uno de nosotros comienza hoy mismo a poner su granito de arena en el hogar, en el barrio, en el trabajo, en las redes sociales y ahí donde nos relacionemos con los demás.  

+ Javier Del Río Alba

Arzobispo de Arequipa