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Mensaje Semanal

La Peruana más Famosa

Como cada año, el 30 de agosto decenas de miles de personas, en numerosos países, hemos celebrado la fiesta de santa Rosa de Lima, una joven que vivió hace más de cuatrocientos años y sigue siendo la peruana más conocida en todo el mundo. Isabel Flores de Oliva, ése fue su nombre de bautismo, era una chica simpática y tanto su familia, como algunos pretendientes, hubieran deseado que se casara. Pero Dios la había amado primero y, desde su juventud, puso en ella el deseo de ser única y totalmente para Él. Jesús mismo le dijo: «Rosa de mi corazón, se tú mi esposa». Y ella aceptó esa petición, pese a las dificultades e incomprensiones de sus seres queridos. No se hizo religiosa, sino que siguió siendo laica pero consagrada de un modo especial al Señor como miembro de la Tercera Orden de Santo Domingo. Continuó viviendo en casa de sus padres, en cuya huerta hizo una pequeña celda en la que vivió casi como una anacoreta. Tuvo un amor enorme a la Virgen María y, por supuesto, a Jesucristo, con quienes tuvo una profunda intimidad.

Santa Rosa supo combatir contra las tentaciones del mundo, el demonio y la carne, y se entregó a una vida austera, de oración, mortificación y servicio desinteresado al prójimo, en especial a los más pobres y necesitados. Movida por el amor a Dios y al prójimo, llevaba a casa de sus padres a enfermas de toda índole y las curaba con ternura y suavidad. Al mismo tiempo, socorría a las personas que acudían a ella, daba consejos de orden espiritual y moral. Tuvo una especial preocupación por la evangelización de aquellos que aún no habían oído hablar de Jesucristo y animaba a los sacerdotes a partir en misión a otras partes del mundo para anunciar el Evangelio. Finalmente, fue víctima de una dolorosa enfermedad, mediante la cual terminó de descubrir el valor salvífico del sufrimiento humano y de experimentar, en su propia carne, que la cruz no es un instrumento de muerte sino de vida eterna si se acoge con la confianza puesta en Dios, porque Cristo ha vencido a la muerte y nos hace partícipes de su vida inmortal.

En un mundo como el que nos ha tocado vivir, herido por el consumismo, el hedonismo y la corrupción que va en aumento, Rosa de Lima nos enseña el verdadero camino que conduce a la felicidad plena: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo. Una frase que hemos oído muchas veces y que la mayoría hemos aprendido de memoria desde pequeños, pero que con el transcurso de los años corremos el riesgo de olvidar y dejarnos arrastrar por los ídolos de este mundo que, al final, terminan esclavizándonos e impidiéndonos ser verdaderamente felices. Pidámosle a Dios que nos conceda la gracia de volver con sencillez a las fuentes de nuestro bautismo y nuestra fe católica, tan atacados por ciertas corrientes de pensamiento que pasarán, como pasan las modas, pero dejando tras de sí a más muertos y heridos que las guerras, el terrorismo y la delincuencia.

+ Javier Del Río Alba

Arzobispo de Arequipa