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Mensaje Semanal

El hombre y la creación

En su Mensaje para la Cuaresma de este año, el Papa Francisco nos recuerda que Dios nos concede este tiempo de purificación para que podamos celebrar con gozo la solemnidad de la Pascua y así, de Pascua en Pascua, lleguemos a ser con plenitud hijos de Dios y, con el auxilio de la Iglesia, alcancemos la salvación que nos es ofrecida en Cristo. He aquí, entonces, la importancia de vivir bien la Cuaresma, “conscientes de que ser conformes a Cristo (cfr. Rm 8,29) es un don inestimable de la misericordia de Dios”. El primer beneficiado con este don es, naturalmente, el que lo recibe. Sin embargo, como nos dice el Papa en su mismo mensaje: “Este misterio de salvación, que ya obra en nosotros durante la vida terrena, es un proceso dinámico que incluye también a la historia y a toda la creación”. Por eso, en palabras de san Pablo, la creación entera gime y sufre dolores como de parto, esperando la manifestación gloriosa de los hijos de Dios y su propia liberación de la esclavitud de la corrupción (cfr. Rm 8,19-22). En síntesis, así como el pecado afecta no sólo a quien lo comete sino también a quienes lo rodean y, en cierto modo, a la entera humanidad y a toda la creación, de la misma manera la acción de la gracia divina no sólo favorece a quien se abre a ella sino también a toda la humanidad y a la entera creación.

En efecto, para seguir con el mensaje del Papa, “si el hombre vive como hijo de Dios, si vive como persona redimida, que se deja llevar por el Espíritu Santo (cfr. Rm 8,14) y sabe reconocer y poner en práctica la ley de Dios, comenzando por la que está inscrita en su corazón y en la naturaleza, beneficia también a la creación, cooperando en su redención” (n. 1). Por el contrario, si el hombre se deja llevar por la fuerza negativa del pecado y de la muerte, atenta contra la armonía de la creación que proviene del mismo Dios que la ha creado y de la redención realizada en Cristo. Esto es así porque existe una interdependencia, querida por el mismo Dios, entre toda la creación, y porque “existe una solidaridad entre todas las criaturas por el hecho de que todas tienen el mismo Creador y están ordenadas a su gloria” (CEC, 344). En consecuencia, cuando la caridad de Cristo transfigura la vida de los hombres, entonces ellos no solamente alaban a Dios sino que también hacen partícipes de su propia santidad a las demás criaturas.

En este contexto se puede comprender que cada hombre, varón o mujer, tiene una enorme responsabilidad no sólo sobre su propio destino sino también sobre los demás hombres y toda la creación. De ahí que, al comenzar esta Cuaresma, tiempo en el que Dios nos envía gracias especiales, quisiera invitarlos a reflexionar sobre el modo en que cada uno está llevando su vida. ¿Reconocemos la ley de Dios inscrita en nuestro corazón y nos dejamos guiar por ella? ¿Respetamos las leyes puestas por Dios en la naturaleza o consideramos que las cosas creadas están única y exclusivamente a nuestra disposición y podemos explotarlas según nos plazca, sin ninguna limitación ni reserva? ¿Procuramos, en nuestro día a día, conocer la voluntad de Dios sobre nosotros, o simplemente nos dejamos llevar por la mentalidad del mundo y por cualquier viento de doctrina, sin discernir si se ajusta a aquello para lo que Dios nos ha creado? En fin, la Cuaresma es un tiempo de conversión para que la Pascua dé fruto en nosotros. Y el primer paso para la conversión es reconocer que nosotros no somos Dios, sino criaturas queridas y amadas por Él, y que nuestra felicidad no está en darle la espalda a Dios sino en reconocer nuestros pecados y acogernos a su infinita misericordia. Una buena tarea para cada uno de nosotros en esta primera semana de Cuaresma.

+ Javier Del Río Alba
Arzobispo de Arequipa