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Mensaje Semanal

Cuaresma: Tiempo de gracia

Con el Miércoles de Ceniza, este 14 de febrero iniciamos la Cuaresma, tiempo que la Iglesia nos da para prepararnos para la Pascua que es la fiesta central del cristianismo porque en ella celebramos el triunfo de nuestro Señor Jesucristo sobre el pecado y la muerte.

La Cuaresma es un tiempo de conversión en el que, por un lado, estamos invitados a ver lo que hay en lo profundo de nuestro corazón y, al mismo tiempo, a alzar los ojos para contemplar la misericordia de Dios que no se escandaliza de nosotros sino que, por el contrario, quiere cargar con nuestros pecados y darnos a cambio su victoria sobre aquello que nos impide ser verdaderamente felices. El tiempo de Cuaresma, con todo lo que él conlleva, es un medio para acercarnos más a Dios y dejar que Él se acerque más a nosotros.

Cuando vivimos bien la Cuaresma, descubrimos que, más allá de nuestras buenas intenciones, la realidad es que todos somos pecadores y necesitamos ser salvados por Dios del yugo del mal. En ese sentido, la Cuaresma es un tiempo de conversión, es decir un tiempo para volver a Dios y prepararnos para la salvación que Jesús nos quiere regalar en la Pascua. Pero, para poder acogernos a esa salvación, necesitamos saber justamente en qué cosa estamos fallando, es decir qué hay dentro de nuestro corazón que nos impide ser fieles a Dios y realmente libres.

Ahora bien: ¿Cómo se consigue esto? ¿Cómo es posible saber qué hay dentro de nuestros corazones para poder pedirle al Señor Jesús que nos salve de esta realidad de pecado? Esto es posible usando los medios que la Iglesia nos da y que son fundamentalmente el ayuno, la oración y la limosna.

Los cristianos solemos rezar todos los días. A lo largo del año también hacemos limosna y, aunque tal vez no con tanta frecuencia, también hacemos ayunos. La diferencia con el resto del año es que durante la Cuaresma estamos llamados a hacer una limosna más fuerte, algo que implique un desprendimiento para ayudar al prójimo y sea a la vez un signo que damos a Dios de que nos interesa ser transformados por Él. Lo mismo sucede con el ayuno, que durante la Cuaresma lo hacemos todos los viernes y que puede ser de alimentos o de algo de lo que, de alguna manera, nos sintamos esclavizados o dependientes. Y finalmente la oración, a la que estamos llamados a dedicar más tiempo y profundidad en la Cuaresma.

Aprovechemos, pues los cuarenta días que comenzamos este Miércoles de Ceniza. Usemos bien los medios que la Iglesia nos da y preparémonos adecuadamente para la Pascua, de modo que, al celebrarla, podamos experimentar en nosotros la victoria sobre el mal, el pecado y la muerte.

+ Javier del Río Alba
Arzobispo de Arequipa