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Mensaje Semanal

Defender la esperanza

La visita del papa Francisco al Perú superó todas las expectativas, no sólo por el número de personas que participaron en los encuentros presididos por él o las multitudes que se volcaron a las calles para verlo pasar, sino también por el impacto de su mensaje. El riesgo, sin embargo, es que con el paso de los días ese mensaje se diluya y nos quede sólo el grato recuerdo de la visita de un papa sencillo y cercano a la gente. Por eso, quisiera aprovechar estas líneas para hacer una primera aproximación, todavía incompleta por cierto, de lo que podría considerarse el núcleo del mensaje de Francisco al Perú, que gira en torno al lema de su visita: “Unidos por la esperanza”, que él supo traducir en un llamado a “defender la esperanza”.

A lo largo de los días que estuvo entre nosotros, el papa fue destacando algunas razones en las que podemos fundar nuestra esperanza como nación. Comenzó mencionando la belleza de nuestra geografía y la abundancia de nuestros recursos naturales, especialmente la biodiversidad de la Amazonía. Habló también de la riqueza de nuestras costumbres y tradiciones culturales impregnadas por valores humanos como la hospitalidad, la creatividad, el sentido de comunidad, la resiliencia y la solidaridad que se muestran especialmente ante las catástrofes causadas por ciertos fenómenos de la naturaleza. Continuó destacando nuestra fe católica que, para usar sus propias palabras, “tocó” en su contacto con la gente. Acentuó también la juventud de nuestra población, que contrasta con el envejecimiento de aquellos países que se han cerrado a la vida y no quieren tener hijos. Los jóvenes, dijo el papa Francisco, no son sólo el futuro sino el presente del Perú y con su dinamismo y entusiasmo nos invitan a soñar un futuro esperanzador. No por último, nuestro ilustre visitante hizo énfasis en un hecho histórico: el Perú es una tierra “ensantada”, nos dijo, haciendo referencia a los grandes santos que ha dado nuestro país y que son testigos imperecederos de la fuerza del amor de Dios.

Sin embargo, en medio de esas y otras razones de esperanza, en sus discursos el Papa no dejó de mencionar algunas amenazas a la misma. Entre ellas hizo referencia a cierto modelo de desarrollo que causa degradación humana, social y ambiental. Se refirió también a la colonización ideológica que destruye las culturas para imponer un pensamiento único que atenta contra la mujer, la familia y la comunidad; e hizo énfasis en el virus de la corrupción que lo destruye todo. Ante esas y otras amenazas, Francisco nos pidió que no nos dejemos robar la esperanza sino que la defendamos promoviendo una ecología integral, no sólo ambiental sino humana y social, así como una mayor transparencia en el sector público, la empresa privada, la sociedad civil e incluso las organizaciones eclesiásticas. A los jóvenes los exhortó a no desarraigarse de la familia y la propia cultura, y a descubrir la sabiduría de los ancianos a través del diálogo con sus abuelos. A todos nos alentó a no dejarnos quitar la fe católica y a “no tener miedo de ser los santos del siglo XXI”. Finalmente, al clausurar su visita, el Papa nos dijo que “no hay mejor manera de cuidar la esperanza que permanecer unidos”. Unidos por la esperanza, unidos en la defensa de la esperanza, es una bella tarea en la que todos estamos llamados a contribuir.

+ Javier Del Río Alba
Arzobispo de Arequipa