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La paz, tarea de todos

Consciente de los enormes daños que causan las guerras que todavía hay en el mundo y la violencia que está acompañando a las movilizaciones sociales en diversos países, en su mensaje por la Jornada Mundial de la Paz que como cada año hemos celebrado el 1 de enero, el Papa Francisco ha hecho un llamado a la comunidad internacional a emprender, con esperanza, un camino de diálogo, reconciliación y conversión que conduzca a la paz y responda al anhelo de fraternidad propio de la vocación humana. Anhelo que se ve constantemente obstaculizado por la intolerancia, la codicia, la voluntad de dominio, el egoísmo, la soberbia, el odio y otros pecados que pervierten las relaciones personales y comunitarias hasta el punto de encerrar al otro en una imagen negativa, verlo como un enemigo y pretender excluirlo o eliminarlo. Ante esta realidad, el Papa nos invita a encontrar en nuestro común origen en Dios el fundamento para iniciar ese proceso que nos conduzca a la paz, a través de la búsqueda conjunta del bien común, más allá de las ideologías y opiniones diferentes.

Con esa finalidad, sigue diciendo Francisco, “nunca se debe encasillar al otro por lo que pudo decir o hacer, sino que debe ser considerado por la promesa que lleva dentro de él”. Esto requiere “encontrar en lo más profundo de nuestros corazones la fuerza del perdón y la capacidad de reconocernos como hermanos y hermanas”, para así instaurar una “cultura del encuentro” que rompa la “cultura de la amenaza” y nos lleve, “más allá de los límites de nuestros estrechos horizontes, a aspirar a vivir siempre la fraternidad universal como hijos del único Padre celestial”. La democracia puede ser de utilidad en ese proceso, en la medida en que garantice un Estado de derecho basado en la justicia, la salvaguarda de los derechos de cada uno, especialmente de los más débiles y marginados, así como en el cumplimiento de los propios deberes. Por el contrario, continúa el Papa, “la brecha entre los miembros de una sociedad, el aumento de las desigualdades y la negativa a utilizar las herramientas para el desarrollo humano integral, ponen en peligro la búsqueda del bien común” y, por tanto, obstaculizan el camino hacia la paz social, porque “nunca habrá una paz verdadera a menos que seamos capaces de construir un sistema económico más justo”.

En el caso de los cristianos, Francisco nos recuerda que, así como sabemos que Jesús ha dado su vida por nuestra reconciliación, “nos pide que depongamos cualquier violencia en nuestros pensamientos, palabras y acciones” y nos pongamos en camino para ofrecer ese mismo perdón a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, convirtiéndonos de esa manera en “artesanos de la justicia y la paz”. Y a la Iglesia, en su conjunto, el mismo Papa le recuerda su misión de alimentar la esperanza de paz, “a través de la transmisión de los valores cristianos, la enseñanza moral y las obras sociales y educativas”.

En el contexto que vivimos en el Perú, donde la violencia contra el que piensa distinto se ha apoderado de las redes sociales y de otros medios, la polarización en la política atenta contra la democracia, la corrupción alimenta la mutua desconfianza, y el mal manejo de los recursos del Estado impide siquiera reducir las desigualdades económicas de la población, haría mucho bien leer el citado mensaje del Papa, que brinda éstas y otras sabias orientaciones cuya aplicación sería de gran ayuda para no perder la esperanza en el futuro sino, por el contrario, asumir cada uno la parte que le corresponde en el camino que debemos recorrer si deseamos alcanzar esa paz y prosperidad que nuestro corazón anhela.

+ Javier Del Río Alba
Arzobispo de Arequipa