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Mensaje Semanal

El arzobispo de Lima

Hace unos días el Papa ha aceptado la renuncia al cargo de arzobispo de Lima que, conforme a las normas de la Iglesia, el cardenal Juan Luis Cipriani le presentó al cumplir 75 años de edad. Al mismo tiempo, Francisco nombró en su reemplazo al sacerdote Carlos Castillo. Estas decisiones del Papa han hecho posible que salga a la luz que no pocos fieles no conocen bien la diferencia entre ser arzobispo y ser cardenal, ni el lugar del arzobispo de Lima en la Iglesia en el Perú. “El Papa ha nombrado un nuevo cardenal de Lima”, han dicho algunos. “La Iglesia en el Perú tiene un nuevo jefe”, han dicho otros. Ni una cosa ni la otra son ciertas, porque el Papa no ha nombrado al P. Castillo como cardenal sino solamente como arzobispo de Lima; y aun cuando lo hubiese instituido cardenal no sería el jefe de la Iglesia Católica en el Perú. Vale la pena, entonces, que dediquemos un momento a repasar cómo está constituida la jerarquía de la Iglesia y cuál es la diferencia entre el episcopado y el cardenalato.

Los evangelios son bastante claros al narrar que entre la muchedumbre que seguía a Jesús, o que eran sus discípulos, Él escogió a doce como apóstoles y, santificándolos a través del Espíritu Santo, los envío para que vayan por todo el mundo y continúen la misión salvadora que el mismo Cristo había inaugurado. Al elegirlos, además, instituyó a Pedro como cabeza de ese colegio de los apóstoles. Obedientes al mandato del Señor, los apóstoles partieron a diversas partes y fueron fundando comunidades cristianas o iglesias particulares, de las cuales el apóstol fundador era cabeza pero al mismo tiempo continuaba formando parte del colegio de los apóstoles que tenía a Pedro por cabeza visible. En la medida en que la Iglesia fue creciendo y los apóstoles no podían guiar todas las comunidades por ellos fundadas, cada uno de ellos fue ordenando obispos que se quedaran a cargo de las mismas, para lo cual les transmitieron el don del Espíritu Santo que ellos habían recibido de Jesús. Posteriormente, los obispos hicieron lo mismo y, mediante la imposición de manos y la oración, instituyeron a otros obispos que los fueron sucediendo en el pastoreo de las comunidades o iglesias que les fueron confiando. Así, a través de una cadena ininterrumpida hasta nuestros días, los obispos son sucesores de los apóstoles y, salvo excepciones, son nombrados como cabeza de una determinada iglesia particular y están a su servicio como auténticos maestros de la fe y pastores (cfr. CD, 1-3). El nombramiento lo hace el Papa que, como obispo de Roma, es el sucesor de Pedro y, por tanto, cabeza del colegio episcopal. De esta manera, cada obispo es vicario de Cristo en su diócesis y no está subordinado a ningún otro obispo sino únicamente al Papa. Dicho en otras palabras, los obispos del Perú no estamos subordinados al arzobispo de Lima sino sólo al Papa. Esto es así por institución del mismo Dios a través de Jesucristo.

El colegio de cardenales, en cambio, no es de institución divina sino que fue creado por la Iglesia como una ayuda al Papa en el gobierno de la Iglesia universal (CIC, c. 349). Está compuesto en su gran mayoría por arzobispos, pero también por obispos e, incluso, por sacerdotes que no son obispos. Y mientras en la actualidad hay más de cinco mil entre obispos y arzobispos, el número de cardenales no llega a doscientos. Esto significa que se puede ser arzobispo y no ser cardenal, y se puede ser cardenal sin ser arzobispo. El P. Castillo no ha sido instituido cardenal sino sólo arzobispo de Lima y, como tal, únicamente tendrá a su cargo la Iglesia de Lima; pero aun si el Papa lo hiciera cardenal, no sería el jefe de la Iglesia en el Perú, como tampoco lo han sido el cardenal Cipriani ni sus predecesores.

+ Javier Del Río Alba
Arzobispo de Arequipa