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Mensaje Semanal

Jornada Mundial de la Juventud

Del 23 al 27 de este mes el Papa presidirá la 34ª Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), en Panamá. Es la tercera vez que Francisco participará en una de estas jornadas, en continuidad con sus predecesores desde que san Juan Pablo II las instituyó en el año 1985. Es también la tercera vez que una JMJ se realiza en Latinoamérica, después de la que se realizó en Buenos Aires en 1987 y en Río de Janeiro el año 2013. A lo largo de estos 34 años, desde que se celebró la primera JMJ, algunas decenas de millones de jóvenes han participado en ellas, movilizándose desde los cinco continentes hasta el lugar donde cada papa los ha ido convocando: Argentina, España, Estados Unidos de América, Francia, Filipinas, Australia, Madrid, Alemania, Brasil, Polonia o Italia, los jóvenes se las han ingeniado para no faltar y, en no pocos casos, han superado ampliamente los pronósticos sobre la cantidad de participantes. Muchos jóvenes, animados por la experiencia de su primera participación en una JMJ, vuelven a la siguiente o siguientes, muchos incluso después de haber superado la etapa de la juventud.

¿Qué atrae tanto a los jóvenes, que hacen grandes sacrificios y trabajan duro para asumir los costos del transporte y estadía, sabiendo que no es un viaje de turismo ni de placer sino una peregrinación en la que se suele pasar precariedad, por lo general no se come bien, se camina mucho y no pocas veces se duerme a la intemperie? Ciertamente, una de las razones que mueve a los jóvenes es el deseo de encontrarse entre ellos, compartir unos días con jóvenes de distintos países pero que profesan la misma fe y, no por último, ver al Papa. Sin embargo, después de haber participado en numerosas JMJ, estoy convencido que lo que hace posible que los jóvenes regresen felices a sus hogares y, como antes he dicho, vuelvan a la siguiente JMJ, es el encuentro personal con Cristo que se vive en cada una de esas jornadas. Así lo intuyó Juan Pablo II y se lo dijo a los mismos jóvenes en la JMJ del año 1988. El encuentro personal con Jesucristo resucitado, vivo y presente en su Iglesia, es una de las experiencias más grandes y bellas que puede tener un ser humano. Él es la luz que disipa las tinieblas del pecado y de la muerte e ilumina nuestra existencia. No por casualidad miles y miles de jóvenes vuelven transformados después de haber participado en una JMJ, porque, al fin de cuentas, encontrarse con Cristo lleva también a encontrarse con uno mismo.

En ese contexto se entiende bien que en el videomensaje que el papa Francisco ha enviado a los jóvenes que esta semana participarán en la JMJ de Panamá, los invita a aprovechar estos días para tener un diálogo con Dios en el silencio del corazón, pues así se descubre la propia identidad y la vocación. “Dejen que el Señor les hable y verán vuestra vida transformada y colmada de alegría”, les dice Francisco, y poniendo como ejemplo a la Virgen María, añade: “Dar una respuesta afirmativa a Dios es el primer paso para ser feliz y hacer felices a muchas personas”, porque “nuestra vida sólo encuentra significado en el servicio a Dios y a los demás”. Miles de jóvenes peruanos han partido ya hacia Panamá, algunos cientos de ellos son de Arequipa. Acompañémoslos con nuestras oraciones, para que aprovechen al máximo estos días y se abran a las gracias que Dios les enviará. Y los que no hemos podido ir, sigamos esta JMJ por televisión, porque también la gracia de Dios nos puede llegar por esa vía.

+ Javier Del Río Alba
Arzobispo de Arequipa