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Mensaje Semanal

Proyecto para el 2019

Si hacemos un balance a nivel nacional del año que termina, veremos que ha sido uno de los más complicados en la vida reciente de nuestro país. Marcado por la cada vez mayor polarización entre el Poder Ejecutivo y el Congreso, la renuncia del Presidente de la República, los altos índices de corrupción, las campañas en torno al referéndum y las elecciones regionales y locales, en el 2018 se ha avanzado muy poco en la recuperación de la economía nacional, la reconstrucción del norte después del fenómeno de El Niño y del sur después de los sismos que afectaron a la provincia de Caylloma en el 2016 y Caravelí al comenzar el 2018. Al mismo tiempo, miles de familias han vuelto a la situación de pobreza, de la que con mucho esfuerzo habían salido, los hospitales están colapsados y decenas de miles de niños y adolescentes siguen estudiando en colegios que carecen de la infraestructura mínima para brindar una educación de, al menos, mediana calidad. Pese a los avances en la lucha contra la corrupción en los casos Lava Jato y Lava Juez, no exentos de errores por cierto, los primeros pasos hacia una reforma política del país y el estreno de nuevas autoridades en los gobiernos regionales, municipalidades provinciales y distritales, humanamente no parece haber muchas razones para comenzar el año 2019 con optimismo. No pocos piensan que será “más de lo mismo” y que, aunque cambien los nombres y algunas estructuras, lo demás seguirá igual o peor.

Por otro lado, si hacemos un balance personal de nuestro propio desempeño, probablemente encontremos que hemos alcanzado ciertas metas pero que no hemos llegado a otras. Así, en general, comenzamos el nuevo año con algunos propósitos, sea de alcanzar esas metas pendientes u otras nuevas o de mejorar en algunos aspectos de nuestra vida y nuestras relaciones con los demás.

Independientemente de los resultados que arrojen nuestros balances del 2018, a todos les deseo lo mejor y los animo a comenzar el 2019 llenos de ilusión, porque cada año que comienza es como una nueva puerta que se abre ante nosotros y tras ella también nos espera Jesucristo resucitado. Estamos todavía en el tiempo de Navidad, que terminará el domingo 13 de enero con la celebración litúrgica del Bautismo del Señor. De modo que estamos todavía a tiempo para que, si alguno aún no lo ha hecho, abramos las puertas de nuestras casas, nuestros hogares y nuestro corazón a este Jesús que ha venido para salvarnos y llevarnos a la felicidad completa. Sin perjuicio de los proyectos que podamos tener como nación o a nivel familiar o personal, el proyecto más importante para el nuevo año es el que Dios tiene para cada uno de nosotros: elevarnos a la naturaleza divina, el gran proyecto de santificarnos.

Mi deseo para el año nuevo, entonces, es que las vicisitudes del escenario nacional y de nuestra vida cotidiana no nos aparten del proyecto más importante, que es dejar que Dios haga en nosotros la obra que ha comenzado desde la creación del mundo: nuestra divinización. Jesús, que realmente ha nacido en la Navidad, no ha venido sólo por los justos sino especialmente por los pecadores, no únicamente por los sanos sino también por los enfermos. Hay espacio para todos en el corazón misericordioso de Dios. Dejémonos amar y ayudar por Él y veremos que todo irá mejor.

+ Javier Del Río Alba
Arzobispo de Arequipa