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Mensaje Semanal

Preparar la Navidad

Nos encontramos en la segunda semana de este tiempo de Adviento y es conveniente que terminemos de entrar en el camino que nos conduce a la Navidad. Con esa finalidad, la Iglesia destaca en esta semana la figura de Juan el Bautista, aquel a quien Dios envió para preparar el camino para la manifestación de su Hijo. Como lo anunció el profeta Isaías con varios siglos de anticipación, Juan es la “voz que grita en el desierto: preparen el camino del Señor, allanen sus senderos…que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale” porque “se revelará la gloria del Señor” (Is 39,3-5). He aquí lo particular del Adviento. Es un tiempo de conversión, unas semanas destinadas a que veamos que hay todavía de torcido en nosotros, qué doblez o falta de rectitud puede haber en nuestro corazón, qué hay de escabroso en nuestros pensamientos o acciones que hace difícil o imposible que los demás accedan a nosotros y que impide que vivamos en plena comunión con Dios y con el prójimo. Y esto no por un puro afán de perfeccionismo humano, sino porque en la Navidad, una vez más, se revelará la gloria de Dios, pero sólo podrán verla los limpios de corazón (Mt 5,8).

Por eso mismo, además de ser un tiempo para nuestra conversión personal, el Adviento lo es también para que los cristianos allanemos los caminos para que el Señor pueda llegar a aquellos que todavía no lo conocen o lo han desechado de su vida y para que pueda llegar igualmente a los diversos ambientes de la sociedad. Conviene, entonces, que cada uno se pregunte cómo puede cooperar para que la salvación de Dios, que nos trae Jesús, llegue a la mayor cantidad posible de personas. En una sociedad subyugada por el ídolo “dinero”, marcada por el vacío existencial fruto del consumismo, el narcisismo y el hedonismo, en la cual abundan las relaciones pasajeras y las personas corren el riesgo de ser reducidas a objetos desechables y se van habituando a transitar por caminos que no conducen a ninguna parte, la cercanía de la Navidad es ocasión propicia para que los cristianos demos testimonio de la verdad y razón de nuestra fe, pero que, sobre todo, con nuestras acciones, nuestra comprensión y cercanía, sin juzgar a nadie, recordemos a todos que Jesús viene a salvarnos y a devolvernos la alegría perdida.

Dios se hizo hombre en un lugar y tiempo concretos. Así entró en la historia de la humanidad y así viene también en esta Navidad en las circunstancias concretas que nos toca vivir como peruanos. Viene a un país cada vez más fracturado por la polarización de la política, por la intolerancia con la que se reacciona contra cualquiera que no piense como uno, por la corrupción cuya pus cada vez más hedionda no termina de salir, por la violencia contra la mujer que aumenta pese a todas las marchas y manifestaciones, por los cientos de miles de familias pobres que no alcanzan la atención del Estado ni la solidaridad de quienes poseen mucho más de lo necesario para vivir bien. Es en este momento histórico y lugar preciso de nuestro Perú donde se realizan la venida y la misión de Jesús. Abrámosle las puertas de nuestro corazón y ayudemos a los demás a que abran las suyas para que todos podamos vivir una verdadera Nochebuena.

+ Javier Del Río Alba
Arzobispo de Arequipa