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Mensaje Semanal

Pedido del Papa Francisco

Acogiendo el pedido que constantemente hace el Papa Francisco de que recemos por él, los obispos del Perú hemos acordado celebrar este mes una Jornada de Oración por el Papa. En Arequipa, he solicitado a los sacerdotes que en todas nuestras parroquias y capillas tengamos la jornada este viernes 26 de octubre y que, además de la oración por el Papa, ese día también ayunemos y recemos por la Iglesia. Invito a todos los fieles católicos a unirse a esta iniciativa, ayunando y rezando no sólo en sus casas sino también, dentro de sus posibilidades, participando en alguno de los encuentros de oración que se realizarán en los templos de nuestra Arquidiócesis. Estos encuentros pueden comenzar con la celebración de la Misa e incluir la adoración al Santísimo Sacramento, el rezo del Rosario, la invocación mariana “Bajo tu amparo” y la oración a san Miguel Arcángel según nos lo ha pedido el mismo Papa.

En efecto, consciente de las dificultades por las que está atravesando la Iglesia, Francisco, que siempre nos pide que oremos por él, ha encomendado a todos los católicos del mundo que este mes de octubre recemos todos los días el Rosario y las oraciones antes mencionadas, uniéndonos así, como pueblo de Dios, en la petición a la Virgen María y al arcángel san Miguel de que protejan a la Iglesia de los engaños del demonio que siempre busca separarnos de Dios y dividirnos entre nosotros. Desea también el Papa que, por intercesión de la Madre de Dios, todos seamos más conscientes de las faltas, errores y abusos cometidos por miembros de la Iglesia y nos comprometamos a luchar sin titubeos para que el mal no prevalezca (cfr. Comunicado de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, 29.IX.2018).

Decía santa Teresa del Niño Jesús que la oración es “un impulso del corazón”, “un grito de reconocimiento y de amor, tanto desde dentro de la prueba como desde dentro de la alegría”. No es un secreto que la Iglesia Católica está pasando por un duro período de prueba debido a pecados y delitos cometidos por quienes deberían estar entre sus miembros más ejemplares. Sin embargo, estoy convencido de que puede ser también un tiempo de gracia si todos, laicos y clérigos, nos convertimos a Dios y nos dejamos purificar por Él. Ello requiere que aceptemos nuestra realidad de pecado, nos arrepintamos del mal que cada uno de nosotros pueda haber cometido o estar cometiendo y volvamos al Señor con el corazón contrito y con humildad le imploremos que suscite en nosotros el deseo de ser santos, nos libre de las seducciones del maligno y nos dé el discernimiento necesario para conocer su voluntad y la fortaleza para seguirla.

Son tiempos difíciles, pero nos sostiene la promesa de Jesús de que las puertas del infierno no prevalecerán sobre la Iglesia. El mundo no necesita una Iglesia venida a menos, no necesita supuestos cristianos que vivan en la hipocresía o estén dispuestos a renunciar a la verdad para captar algunos simpatizantes. El mundo necesita ver el evangelio encarnado en personas y comunidades concretas que le hagan presente el amor misericordioso de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado. Esa es nuestra misión y no nos es lícito desertar.

+ Javier Del Río Alba
Arzobispo de Arequipa