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Mensaje Semanal

Feminicidio y crisis de identidad

Según un reciente informe de la ONG norteamericana “Pax in familia”, varios cientos de millones de mujeres en todo el mundo han sido agredidas física o sexualmente al menos una vez en su vida. El Perú no es una excepción, sino que cada vez es más frecuente la noticia de que una mujer ha sido vilmente atacada, e incluso asesinada, por un hombre movido por lo general por causas pasionales. En la medida en que estos hechos se han ido haciendo públicos se han alzado voces de protesta, a las cuales nos hemos unido en diversas ocasiones, y se han presentado diversas propuestas, como la tipificación del crimen de feminicidio en nuestro Código Penal peruano y el periódico endurecimiento de las sanciones para este delito. Lamentablemente, sus efectos no han sido los deseados y la violencia contra la mujer no disminuye. Esto exige que se siga profundizando en el análisis de este grave problema social, a fin de que podamos llegar a la raíz del mismo y, así, encontrarle una solución.

Las causas de este fenómeno delincuencial son diversas. Una de ellas, que me parece esencial destacar, es la pérdida de identidad del hombre, varón y mujer, que ha dado lugar a lo que el papa Francisco llama “cultura del descarte”. ¿Cómo responder de modo auténticamente humano y socialmente eficaz a esta situación? Sin descartar otras posibles vías, que no tienen por qué ser excluyentes, considero fundamental que el hombre vuelva a encontrarse consigo mismo, para lo cual es imprescindible que redescubra sus orígenes. Con esa finalidad, será útil releer las primeras páginas de la Biblia, que nos relatan que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza y lo creó varón y mujer, es decir que tanto en el varón como en la mujer está la imagen de Dios y que esa imagen y semejanza está dada también en la diversidad sexual creada por Dios en vista a la complementariedad y a la unidad entre ambos. Descubrir esto lleva a tomar conciencia de que cada persona, varón o mujer, en su integridad de alma y cuerpo, posee una dignidad inconmensurable que todos estamos llamados a respetar.

Sin embargo, como también nos narra la Biblia, cuando el varón y la mujer rompen la comunión con Dios, rompen también la comunión entre ellos y entra la violencia en el mundo (Gn 3-4). De la misma manera, cuando la sociedad se aleja de Dios y no reconoce que los recursos personales de la femineidad no son menores, aunque sí diferentes, que los de la masculinidad, y por tanto no se los valora, se desconoce la dignidad de la mujer y se deja de respetarla, con lo cual no sólo se destruye su identidad sino también la del varón (Juan Pablo II, Mulieris dignitatem, 10). Si a eso añadimos que, en no pocos casos, se cree que la promoción de la mujer consiste en masculinizarla, se termina, como lo anticipó el papa Pío XI en el año 1930, haciendo de la mujer un mero instrumento de placer y del capricho del varón (Casti connubii, 27). En este contexto, entonces, el redescubrimiento de la identidad y dignidad del varón y la mujer, como criaturas amadas por Dios en su diversidad y complementariedad sexual, se presenta como vía válida para superar el flagelo del feminicidio y construir la que Pablo VI llamó “civilización del amor”. Tarea que nos compete a todos, empezando por el hogar y la escuela.

+ Javier Del Río Alba
Arzobispo de Arequipa