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Mensaje Semanal

Promesa cumplida

En el relato del evangelista san Marcos, las últimas palabras que Jesucristo resucitado dice a los apóstoles antes de ascender al cielo son: “sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta el final de los tiempos” (Mc 28,20). A lo largo de los casi veinte siglos transcurridos desde entonces, la Iglesia no ha cesado de experimentar la verdad de esas palabras. Jesús está realmente presente en su Iglesia y en el mundo de muchas maneras. Entre ellas destaca la Eucaristía, en la cual Jesús está sustancialmente presente en su cuerpo, su sangre, su alma y su divinidad. Como hace unos años escribió san Juan Pablo II: “La Eucaristía es misterio de presencia, a través del que se realiza de modo supremo la promesa de Jesús de estar con nosotros hasta el final del mundo” (MND, 16). Esa presencia, que es real en el pan y el vino consagrados en la Misa, no es sólo una presencia externa a nosotros sino que, a través de ellos, Él mismo se hace nuestro alimento y, al recibirlo en la comunión eucarística, se une profundamente a nosotros y se convierte en presencia real en nosotros.

La Eucaristía contiene todo el bien espiritual de la Iglesia (PO, 5), es su riqueza inagotable y su mayor tesoro. Por eso, desde los primeros tiempos la comunidad cristiana llevaba el alimento eucarístico a las casas de los fieles que no habían podido estar presentes en la celebración de la Misa. Con el paso del tiempo, además, la fe de la Iglesia en la presencia real de Jesús en la Eucaristía se fue profundizando y, con ella, el reconocimiento de la íntima relación entre la celebración litúrgica del sacramento y el culto eucarístico fuera de la misma. Sobre las diversas formas de este culto, san Alfonso María de Ligorio afirmó que la adoración a Jesús sacramentado es la más apreciada por Dios y la más útil para los hombres; y Juan Pablo II la calificó como fuente inagotable de santidad, de valor inestimable en la vida de la Iglesia (EE, 10 y 25). ¡Cuánto consuelo y esperanza, cuánto gozo y alegría experimenta quien es asiduo en la visita al Santísimo Sacramento y participa con frecuencia en la Adoración Eucarística!Ahí, en la intimidad con Jesús, casi como recostados en su regazo al estilo del joven san Juan en la Última Cena, experimentamos ese amor “más grande” que lo llevó a dar su vida por nosotros y experimentamos también la belleza de trascendernos en Él.

Por esas y muchas otras razones, el pueblo fiel acogió con fervor la solemnidad del Corpus Christi cuando fue instaurada entre finales del siglo XIII y comienzos del XIV. Desde entonces, no ha dejado de celebrarse todos los años, hasta convertirse en una de las fiestas más populares del calendario litúrgico. La Iglesia, Esposa de Cristo, presidida por su obispo en compañía de los sacerdotes, se reúne para celebrar la Eucaristía y, entre cantos y exclamaciones de júbilo y alabanza, lleva procesionalmente por las calles a su Señor presente en la hostia consagrada. Así expresa su alegría por el triunfo de Jesucristo sobre el pecado y la muerte, y le da gracias por el don de su presencia sacramental en medio de su pueblo. Los invito a unirse a esta gran fiesta que celebraremos este jueves, 31 de mayo, a las 6 p.m., en el atrio de nuestra catedral de Arequipa. En ella podrán experimentar cómo es verdad que Jesús cumple su promesa de estar con nosotros todos los días hasta el final de los tiempos.

+ Javier Del Río Alba
Arzobispo de Arequipa