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Mensaje Semanal

Alégrense y regocíjense

Con el título «Gaudete et Exsultate» (Alégrense y regocíjense), el papa Francisco ha publicado una nueva exhortación apostólica, a través de la cual desea hacer resonar en la Iglesia la llamada a la santidad en el contexto actual. Con esa finalidad, el papa nos recuerda que si bien la mayoría de santos reconocidos oficialmente por la Iglesia son sacerdotes o religiosas, todos los bautizados estamos llamados a ser santos y, de hecho, existen por todas partes cristianos en los que la santidad se va como encarnando cada día en la medida en que se dejan guiar por la gracia de Dios en su vida cotidiana. En ese sentido, Francisco nos recuerda también que la santidad no se alcanza por el mero conocimiento de la doctrina católica ni, mucho menos, por la sola voluntad o el esfuerzo humano.

La santidad es un don de Dios, una obra que el Espíritu Santo realiza en aquellos que acogen ese don con humildad y, en uso de su libertad, responden a él haciendo posible que la gracia de Dios transforme su corazón, ilumine su mente, guíe y potencie sus fuerzas, para obrar el bien movidos por el amor. En síntesis, la santidad es un fruto del Espíritu Santo que, abriéndonos al amor misericordioso de Dios, nos capacita para amarlo a Él sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. Este amor, que no es un sentimiento pasajero ni una mera declaración de buena voluntad, se realiza en obras concretas, entre las cuales destacan el combate espiritual contra el pecado y la entrega de sí mismo a favor de los demás, especialmente los más pobres y necesitados. El amor entre los esposos, que los lleva a mantenerse unidos por toda la vida, la dedicación a los hijos, el cuidado a los ancianos y enfermos, la defensa de la vida en todas sus etapas, el cuidado del medio ambiente, la colaboración con los vecinos o compañeros de trabajo, la contribución al bien de la sociedad, la acogida a los migrantes, el compartir los propios bienes con los demás, la paciencia en el sufrimiento y la humildad son algunos de los medios que todos tenemos a nuestro alcance para avanzar en el camino de la santidad.

Ahora bien, como también nos dice el papa, la Iglesia no es una ONG que se dedica a hacer el bien a los demás por mera filantropía. La filantropía no es mala, pero la caridad cristiana es algo distinto y mayor que ella. La caridad cristiana brota de la intimidad con el Señor, se alimenta de la oración, los sacramentos y la vida en el seno de la comunidad eclesial, y desemboca en la misión de anunciar con valentía el Evangelio para llevar a los demás al encuentro con Cristo crucificado y resucitado. La vida cristiana es un combate permanente contra nuestra propia debilidad, la mundanidad y las tentaciones del demonio, por eso Francisco concluye su documento exhortándonos a estar vigilantes para no caer en la corrupción espiritual, así como a confiar en la ayuda de Dios y pedirle a Él que nos dé discernimiento para conocer su voluntad y fortaleza para obedecerle. En síntesis, la santidad está al alcance de todos y el papa Francisco nos da algunas pautas para alcanzarla, por lo que les recomiendo leer el documento entero, que fácilmente se puede encontrar por internet o en cualquiera de las librerías católicas de la ciudad.

+ Javier Del Río Alba
Arzobispo de Arequipa