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Mensaje Semanal

Una noticia siempre nueva

Una de las noticias que ha ocupado más espacio en los diversos medios de comunicación social durante el fin de semana pasado y los primeros días de esta semana ha estado referida a un hecho antiguo pero siempre nuevo; un hecho ocurrido hace casi dos mil años pero que, pese al tiempo transcurrido, sigue siendo noticia hasta el día de hoy. Me refiero a la muerte y resurrección de Jesucristo.

Tanto la prensa escrita, como la televisión, la radio y el internet nos han transmitido esta noticia de distintas maneras. Nos han informado sobre las celebraciones litúrgicas realizadas en los templos, así como las escenificaciones realizadas en distintas partes de nuestra querida Arequipa y de todo el Perú. Nos han transmitido también diversas reflexiones sobre el acontecimiento que estábamos celebrando. Más de mil millones de personas en todo el mundo, entre jóvenes, adultos, ancianos, niños, sacerdotes, laicos, religiosas, etc. hemos participado en las celebraciones de la pasión, muerte y resurrección del Señor.

Nos preguntamos, entonces ¿cómo así un evento que ha sucedido hace tantísimo tiempo sigue teniendo hoy resonancia mundial? La respuesta es que se trata de un hecho que cambió para siempre la historia de la humanidad y que, aun en nuestros días, la sigue cambiando; porque en Jesucristo muerto y resucitado no sólo encontramos el perdón de nuestros pecados sino también, cada día y en todo el mundo, millones de personas experimentan su resurrección, es decir su victoria sobre el pecado y la muerte. Aquellos, dice san Pablo, que en la fe se adhieren al misterio pascual del Señor, experimentan que el pecado ya no tiene poder sobre ellos y que el desenlace de la vida no es la nada sino que la muerte física es solamente un paso para alcanzar esa vida en plenitud que nos ha ganado nuestro Señor Jesucristo.

La característica más propia del tiempo de Pascua, que dura cincuenta días hasta la fiesta de Pentecostés, es que Jesucristo resucitado se manifiesta de un modo peculiar a sus discípulos. Esto significa que en las próximas semanas Jesús se nos puede manifestar a través de un acontecimiento inesperado, o tal vez inspirándonos algo en el corazón, o estirándonos la mano de un mendigo o de alguien necesitado. Nosotros, por nuestra parte, podemos reconocer o no a Dios en esas manifestaciones, y haciendo uso de nuestra libertad podemos acogerlo o rechazarlo. Por eso, desde esta columna pido al Señor que nos conceda estar atentos a sus manifestaciones y que acojamos su amor y su poder en nuestra vida. Si lo hacemos así, también nosotros seremos testigos de que ese hecho de hace dos mil años sigue hoy transformando la historia de la humanidad, porque transforma la vida de las personas. Entonces entenderemos por qué se trata de una noticia antigua pero siempre nueva.

+ Javier Del Río Alba
Arzobispo de Arequipa