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Mensaje Semanal

Nueva Alianza

Finalmente llegó la Pascua, la fiesta más importante de los cristianos, en la cual celebramos con particular intensidad el memorial de la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo y participamos también de su victoria sobre el pecado y la muerte. La Pascua cristiana no es un invento de la Iglesia sino que fue instituida por el mismo Jesucristo que, antes de entrar en su pasión, celebró la Pascua con sus apóstoles y les dijo: “hagan esto como mi memorial”. Nace así la Pascua cristiana, de la cual brota el sacramento de la Eucaristía y en la cual Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, estableció la nueva alianza en su cuerpo entregado y en su sangre derramada por nosotros. La nueva alianza entre Dios y los hombres ha sido sellada, pues, en el mismo cuerpo de Cristo, y así permanece por toda la eternidad. Es una alianza nueva y eterna.

Ahora bien, ¿en qué consiste esta nueva alianza? ¿cuál es la diferencia entre esta alianza y aquella que Dios celebró en el Sinaí con el pueblo de Israel? Ciertamente, la alianza de Dios con Israel se mantiene vigente, pero al mismo tiempo, podríamos decir, es una alianza preparatoria, algo así como una etapa en el camino hacia la plenitud de la alianza sellada por Dios en Jesucristo. En la alianza pactada en el monte Sinaí, Dios le da el Decálogo a Israel, es decir le enseña el camino para alcanzar la vida eterna. “Haz esto y vivirás”, le dice Dios a Israel, refiriéndose a lo que conocemos como los diez mandamientos. Sin embargo, a lo largo de su historia y más allá de sus buenos propósitos, los israelitas constataron una y otra vez que no podían cumplir con el Decálogo, no podían ser fieles a Dios. Es así que, a través del profeta Jeremías, Dios anuncia que llegarán los días en que Él pactará una nueva alianza con su pueblo. Así dice el Señor: “Pondré mi ley en su interior y la escribiré en sus corazones…cuando perdone su culpa y no recuerde ya sus pecados” (Jer 31,33-34). He aquí, entonces, la gran novedad de la alianza sellada por Dios a través del misterio pascual de su Hijo Jesucristo. En la cruz, Jesús derrama su sangre para el perdón de nuestros pecados, y una vez resucitado y ascendido al Cielo, derrama su espíritu en nosotros. Es el Espíritu Santo, el espíritu de la Ley del Sinaí, que deja de ser una ley externa para ser un don de Dios en nuestro corazón.

En pocas y sencillas palabras, gracias al misterio pascual de Cristo, no sólo quedan perdonados nuestros pecados sino que, por el Espíritu Santo que nos es donado, quedamos capacitados para amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. Esto significa que quedamos liberados de la esclavitud del pecado y, por tanto, de la muerte eterna (Hb 2,14-15). Con la Pascua de Cristo comienza una nueva creación; “pasó lo viejo, todo es nuevo” dice san Pablo (2Cor 5,17). Por eso, con motivo de esta Pascua, el papa Francisco nos ha recordado que la Pascua es como la “matriz” del cristiano y nos ha exhortado a vivir como criaturas nuevas, no dejándonos llevar por la lógica del mundo sino buscando las cosas “de arriba” (Catequesis, 27.III.2018).

¡Feliz Pascua para todos!

+ Javier Del Río Alba
Arzobispo de Arequipa