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Mensaje Semanal

Detente, mira y vuelve

Nos acercamos al final de la Cuaresma, que es un camino de preparación para la Pascua, para recorrer el cual el papa Francisco, en su homilía del Miércoles de Ceniza, recomendó tres acciones que ahora me permito proponerles para, si aún no lo han hecho, aprovechar el par de semanas que nos quedan para ponerlas en práctica.

En primer lugar, el papa nos invita a detenernos un poco de esa vida agitada y acelerada que suele impedirnos dedicar tiempo a la familia, especialmente a los hijos y a los ancianos o enfermos, tiempo a los amigos, al esparcimiento y al descanso. Ese “correr sin sentido” en “la vacuidad de lo instantáneo, momentáneo y fugaz”, que genera la insatisfacción propia de quien termina harto de todo y lleno de nada. Nos invita también a detenernos de fomentar “sentimientos estériles, infecundos, que brotan del encierro y la autocompasión”.

Ante esas tentaciones, la segunda acción que nos propone el papa es “mirar y contemplar”. Mirar a tantas personas y cosas buenas que hay a nuestro alrededor, que nos pueden ayudar a que no se apague la caridad en nuestro corazón: “familias que siguen apostando día a día, con mucho esfuerzo, para sacar la vida adelante” y “hacer de sus hogares una escuela de amor”; “niños y jóvenes cargados de futuro y esperanza”; ancianos llenos de sabiduría y “portadores de la memoria de nuestros pueblos”; enfermos y personas que se dedican a ellos, “que nos recuerdan que el valor de cada persona no puede jamás ser reducido a una cuestión de cálculo o de utilidad”. Mirar y contemplar, sobre todo, a Cristo crucificado por amor a todos, sin exclusión ni condición, que nos tiende la mano para levantarnos del egoísmo, la mezquindad, la desconfianza o la resignación.

Finalmente, el papa Francisco nos invita también a volver al amor de Dios. “¡Vuelve! sin miedo, nos dice, a los brazos anhelantes y expectantes de tu Padre rico en misericordia, que te espera”. “¡Vuelve!, sin miedo, a experimentar la ternura sanadora y reconciliadora de Dios”, que sana las heridas del pecado, nos revela el verdadero sentido de la vida, nos introduce en la gratuidad de su amor, nos hace partícipes de su victoria sobre el mal y la muerte y, así, transforma nuestra tristeza en gozo.

“Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice dame de beber, le pedirías tú y él te daría agua viva”, le dijo Jesús a la samaritana. Si supiéramos lo que es la Pascua y que Jesús nos está invitando a celebrarla con él en esta Semana Santa, le pediríamos nosotros a él que nos dé la gracia necesaria para prepararnos adecuadamente para celebrarla bien y experimentar su fruto en nuestra vida. La Pascua es “la fiesta de los perdonados”, es la fiesta de la resurrección de Jesús y nuestra, es la fiesta que nos hace libres, porque así como Dios sacó a Israel de Egipto, en esta Pascua Jesús viene a sacarnos de nuestro Egipto interior, a liberarnos de la esclavitud del pecado e introducirnos en su vida divina. Aprovechemos los pocos días que nos quedan, entonces, para prepararnos bien para la Pascua, poniendo en práctica el consejo del papa: detente, mira y vuelve!

+ Javier Del Río Alba
Arzobispo de Arequipa