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Mensaje Semanal

Los Falsos Profetas

En su mensaje para la presente Cuaresma, el papa Francisco nos recuerda que Jesús anunció que “aparecerán muchos falsos profetas que engañarán a mucha gente y, al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría; pero el que persevere hasta el final se salvará” (Mt 24,11-13). Basándose en esas palabras, el papa nos invita a estar alertas para no dejarnos engañar por esos falsos profetas que terminan llevando a la esclavitud a quienes los siguen. Son como “encantadores de serpientes”, dice Francisco, que engañan a la gente haciéndoles creer que la felicidad se encuentra en el placer momentáneo, en el dinero o en la autosuficiencia egoísta. Charlatanes, dice también el papa, que ofrecen soluciones sencillas e inmediatas para el sufrimiento, como la droga, las relaciones de “usar y tirar” o las ganancias fáciles pero deshonestas. A diferencia de las cosas buenas, que vienen de Dios y nos hacen bien, aquellas que venden esos estafadores quitan la dignidad, la libertad y destruyen en sus víctimas la capacidad de amar.

Estas palabras del papa parecen describir lo que viene sucediendo en torno a nosotros. Según las estadísticas, cada vez son más los jóvenes que consumen drogas y alcohol, y cada vez comienzan a consumirlos a más temprana edad. Del mismo modo, aumentan las presiones sobre los adolescentes, e incluso sobre los niños, para iniciarlos en el autoerotismo y las relaciones sexuales sin compromiso ni responsabilidad. Cual fariseos del siglo XXI, muchos se escandalizan y se rasgan las vestiduras porque se incrementa el número de embarazos no deseados, y en lugar de promover la castidad y el verdadero amor, pretenden que se legalice el aborto o se enseñe a las adolescentes a tomar medidas para no salir embarazadas, como si sólo con ello se acabara el problema, cuando la realidad es que esas relaciones de “usar y tirar” dejan huellas profundas que destruyen lo profundo del ser de quienes las practican. Y, en cuanto al afán de dinero, el alto índice de corrupción que se vive en nuestro país, del cual el llamado caso Lava Jato es sólo un ejemplo, pone de manifiesto hasta qué punto políticos, empresarios y otro tipo de personas son capaces de vender su dignidad de hijos de Dios por un “plato de lentejas”. De esta manera, como anunció Jesucristo, crece la maldad y se enfría el amor.

La Cuaresma es un tiempo propicio para meditar sobre estas cosas y para que cada uno de nosotros se pregunte cómo está conduciendo su vida. ¿Nos estamos dejando llevar por el amor o el amor, la caridad, se está enfriando en nosotros, en las relaciones conyugales, en la familia, con los amigos y compañeros de trabajo o estudio, en nuestras responsabilidades sociales? Porque, como también nos recuerda el papa, el demonio, que desde el principio es “mentiroso y padre de la mentira” (Jn 8,44), es experto en presentarnos el mal como bien y, así, nos engaña y destruye. No debemos olvidar, sin embargo, que Dios conoce nuestra debilidad y, justamente por eso, hace posible la conversión, es decir la posibilidad de que, si nos damos cuenta de que el demonio y los falsos profetas nos han embaucado, podamos reconocer sus engaños y volver a Jesucristo, que es siempre fiel y en esta Pascua viene a salvarnos del pecado y la muerte.

+ Javier Del Río Alba
Arzobispo de Arequipa