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Mensaje Semanal

Celebrar la vida

El sábado pasado, Arequipa ha celebrado el 12° Corso por la Vida y la Familia. Recuerdo la primera vez que lo celebramos, en el año 2007, pocos meses después del inicio de mis servicios como arzobispo de esta arquidiócesis. Participamos unas tres mil personas, todas de la Iglesia Católica. El tiempo ha pasado y, poco a poco, la ciudadanía ha ido tomando conciencia de la importancia de celebrar la vida y la familia de modo público y comunitario, hasta el punto que se ha calculado que en nuestro reciente corso ha participado alrededor del 20% de la población de esta ciudad y varios miles lo han seguido por internet. Ha sido muy bello ver a las numerosas delegaciones, no sólo de parroquias y movimientos eclesiales sino también de otras comunidades cristianas, entidades de la sociedad civil y la administración pública, instituciones educativas públicas y privadas de los distintos niveles, organizaciones populares, clubes, gremios, etc. Todos bajo el lema “Unidos por el bien del Perú”, caminando entre cantos y otras muestras de júbilo, porque lo nuestro no es una manifestación contra algo o alguien sino un corso, una celebración que quiere transmitir nuestra alegría y agradecimiento por el don de la vida y la familia. Tal vez sea esta la razón por la que la mayoría de participantes son jóvenes.

Como acaba de escribir el papa Francisco, la promoción de la vida y la defensa del no nacido “debe ser clara, firme y apasionada, porque allí está en juego la dignidad de la vida humana, siempre sagrada, y lo exige el amor a cada persona más allá de su desarrollo” (GE, 101). La vida es el primer derecho humano fundamental. Si no es respetada y amada desde el inicio, es decir desde el mismo momento de su concepción, poco a poco deja de ser valorada en otros momentos de su existencia: la vida de los pobres que se debaten en la miseria, la de las víctimas de la trata de personas con fines laborales o sexuales, la de los ancianos y enfermos, como también nos lo recuerda el papa y lo vemos con frecuencia.

La familia es el lugar por excelencia para la concepción, cuidado, promoción y defensa de la vida en todas sus etapas y circunstancias. Por eso, nuestro corso arequipeño no celebra sólo la vida sino también a la familia y son numerosísimas las familias completas que participan en él, reflejando así el sentir mayoritario de la población mundial y local. La Encuesta Mundial de Valores 2008, que goza de reconocido prestigio académico, demuestra que el 89.7% de la población considera a la familia como lo más importante en sus vidas (Boletín DSI, n. 20). En Arequipa, según los resultados de una encuesta publicada en el año 2016 por el profesor y periodista Federico Rosado, el 92% de los jóvenes de 18 a 20 años de edad pertenecientes al sector socioeconómico C de nuestra ciudad consideran que la familia es importante en la formación de la persona, y el 74% considera que la falta de uno de los progenitores en el hogar afecta la vida de los hijos. Por tanto, como también ha dicho el papa Francisco, no podemos renunciar a proponer el matrimonio con el fin de no contradecir la sensibilidad de quienes piensan de otra manera (AL, 35), sino que, por el contrario, la sociedad y el Estado tienen la grave responsabilidad de fomentar políticas que permitan a los jóvenes realizar su proyecto de formar una familia y contar con un hogar (AL, 43 y 44).

+ Javier Del Río Alba
Arzobispo de Arequipa